Desde su elección en 2013 hasta su muerte, el Papa Francisco fue, quizás, el actor político más influyente de la Argentina sin haber ocupado un cargo público ni haber regresado a su país. Su figura no fue solo religiosa; fue un símbolo en disputa que funcionó como espejo de las grietas nacionales.
Para el peronismo y los movimientos sociales, Francisco fue el validador de la doctrina de la "comunidad organizada". Su enfoque en las "tres T" (Tierra, Techo y Trabajo) fue utilizado para legitimar reclamos sociales.
Sectores del kirchnerismo, que inicialmente lo resistieron como arzobispo, pasaron a "militar" su palabra como una extensión de la justicia social peronista.
Tras su muerte, se reveló que Francisco dejó una herencia simbólica de austeridad (apenas 100 dólares), reforzando su imagen frente a las acusaciones de corrupción.
De "Enemigo" a "Argentino más importante"
Uno de los fenómenos más curiosos fue la evolución de la relación de Francisco con Javier Milei.
Durante su campaña, Milei calificó al Papa de "representante del maligno en la Tierra".
Al llegar al poder, la pragmática política y el peso institucional de la Iglesia llevaron a un acercamiento. En el primer aniversario de su muerte (abril de 2026), Milei lo homenajeó como el "argentino más importante de la historia", un giro de 180 grados que buscó captar la sensibilidad del votante católico y calmar las aguas con el Vaticano. Son muchos los frentes abiertos por el Gobierno que no estarían sumando en su imagen, más en tiempos en que la economía no ayuda a calmar las necesidades sociales, los números de la inflación no aflojan y no llega el tan ansiado y anunciado "cambio"-. Esta vez, entre la guerra y la paz, las "Fuerzas del Cielo" optan por la segunda.
Incluso después de su partida, Francisco sigue dividiendo aguas. Los homenajes en la Basílica de Luján , realizados con motivo del primer aniversario de su fallecimiento, evidenciaron que la política no le da tregua a su figura:
Mientras la vicepresidenta Victoria Villarruel evitó asistir por considerar que estaba presente "lo peor de la casta", Manuel Adorni, jefe de Gabinete investigado por enriquecimiento ilícito, pasó por el púlpito incluso comulgando y fue parte de la "primera línea" del Gabinete que estuvo presente.
Cada uno intenta "tironear" de la figura de Francisco de acuerdo a su conveniencia. El hecho de que nunca regresara a la Argentina en vida fue su última declaración política: una forma de evitar ser utilizado como "trofeo" de un bando sobre otro.
Las recientes filtraciones de sus cartas privadas (2026) confirman que Francisco era plenamente consciente de este "tironeo". Su decisión de permanecer en Roma no fue desapego, sino una estrategia para que su mensaje global no quedara reducido a una nota al pie de la interna argentina.
Las relaciones con los presidentes
La relación de Francisco con los inquilinos de la Casa Rosada fue un ejercicio de equilibrio, frialdad diplomática y, en ocasiones, una "gestualidad" que los argentinos aprendimos a leer como si fuera un código Morse. Bergoglio nunca dejó de ser un animal político, y su trato con los presidentes fue su principal herramienta para intervenir en la realidad nacional sin bajarse del avión.
Aquí profundizamos en ese vínculo, marcado por fotos, rosarios y silencios significativos:
Cristina Fernández de Kirchner (2013-2015): Del "enemigo" a la "fanalización"
La relación más cinematográfica de todas. Como arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio era considerado por el kirchnerismo como el "jefe espiritual de la oposición".
Tras la fumata blanca, CFK entendió que no podía pelear contra un Papa argentino. Viajó siete veces al Vaticano.
Francisco pasó de ser el "enemigo" a ser el "tío sabio". Ella utilizó las audiencias para mostrar validación internacional, mientras que él las usó para "pacificar" a una mandataria con la que había tenido choques durísimos.
El famoso intercambio de regalos (el kit de mate) simbolizó una tregua que benefició a ambos, aunque dejó descolocada a la militancia que antes lo criticaba.
Mauricio Macri (2015-2019): La frialdad de los 22 minutos
Si con Cristina hubo calidez (o al menos actuación de ella), con Macri hubo una distancia gélida que se convirtió en un arma política para la oposición.
La audiencia de 2016 duró apenas 22 minutos. La cara de Francisco en la foto oficial —seria, casi molesta— fue utilizada por el peronismo para decir: "El Papa no quiere a Macri".
Bergoglio cuestionaba las políticas de ajuste y el enfoque liberal de Cambiemos. El envío de un rosario bendecido a Milagro Sala (líder social presa) fue interpretado como un misil directo a la gestión de Macri.
Macri nunca logró descifrar el código Bergoglio, y el "ruido" con el Vaticano fue una mancha constante en su política exterior.
Alberto Fernández (2019-2023): La ilusión rota
Al principio, parecía que la relación volvería a florecer. Fernández se presentaba como un hombre de diálogo que compartía la agenda social del Papa.
Francisco fue clave en las gestiones ante el FMI y el Club de París. Sus intervenciones "por debajo de la mesa" ayudaron a Argentina en momentos críticos de deuda.
La legalización del aborto en 2020 fue el punto de no retorno. Para el Vaticano, fue una traición personal de Fernández. Desde entonces, la relación se enfrió hasta la irrelevancia, y las visitas se volvieron protocolares y vacías de contenido político real.
Javier Milei (2023-2025): De la agresión al abrazo
Este fue el capítulo más surrealista. Milei llegó al poder habiendo llamado al Papa "imbécil que defiende la justicia social".
En febrero de 2024, durante la canonización de Mama Antula, se produjo el abrazo que sorprendió al mundo. Milei pasó de la agresión al llanto y la devoción.
Milei entendió que para gobernar un país mayoritariamente católico (o al menos culturalmente cristiano), necesitaba la venia de Roma.
Tras la muerte de Francisco en 2025, Milei capitalizó el luto nacional para mostrarse como el heredero del "orden" y la "importancia global" que Francisco le dio a la Argentina, a pesar de sus diferencias ideológicas abismales.
El "No Viaje" como acto político
El hilo conductor de todas estas presidencias fue la negativa de Francisco a visitar Argentina. Este "plantón" histórico fue su mayor herramienta de presión. A un año de su fallecimiento, la pregunta persiste: ¿Es posible separar al pastor del político en un país que respira política en cada rincón? La respuesta parece ser que, en Argentina, hasta la santidad es motivo de campaña.