l calendario marca que ha pasado un año desde que el folclore argentino perdió a uno de sus guías más lúcidos, pero para quienes lo amaron y lo siguen escuchando, Mario "Musha" Carabajal nunca se fue del todo. Su obra, prolífica y sensible, ha logrado el milagro de la permanencia: estar vivo en cada chacarera que suena en el patio de una casa o en el escenario de un festival.
"Tu música ilumina el cielo".
En este primer aniversario, su hijo Hernán Carabajal compartió un sentido posteo que refleja el duelo de quien todavía espera ese llamado de "gira", pero que encuentra consuelo en la herencia recibida. "Hace un año que un silencio de infinitas emociones llegó con tu partida, pero estás cada día más presente que nunca", escribió Hernán, dejando al desnudo un vínculo que trascendió lo artístico para instalarse en lo profundamente humano.
Las palabras de Hernán rescatan la figura de un padre protector y guía: "Me dijiste siempre 'hijo, sangre de mi sangre", y me has cuidado con tu amor. Es un privilegio vivir cada día con ese amor... Sos amor y magia". Este testimonio no es solo el de un hijo, sino el de una generación que creció bajo el ala de un hombre que hizo de la música un lenguaje de familia.
El legado de un fundador
Como fundador de Los Carabajal, "Musha" no solo fue un intérprete; fue un compositor que supo leer la idiosincrasia de su tierra y traducirla en melodías que hoy son patrimonio de todos. Su partida dejó una marca indeleble en la "Madre de Ciudades", pero su obra sigue siendo el faro que ilumina a los nuevos exponentes del género.
Hoy, a un año de su último viaje, Santiago del Estero lo recuerda no con tristeza, sino con la gratitud de saber que, mientras haya una guitarra y un bombo legüero, el eco de su voz y la magia de sus manos seguirán latiendo en el corazón del pueblo.