El presidente de la Conmebol, Alejandro Domínguez, puso fin a las especulaciones al ratificar a la capital de Uruguay como el escenario del partido más importante del calendario futbolístico sudamericano. El anuncio, realizado en Luque durante el sorteo de las fases iniciales de la Copa Libertadores y la Copa Sudamericana, posiciona nuevamente a Montevideo en el centro del mapa deportivo mundial.
La cita máxima quedó programada para el sábado 28 de noviembre, fecha en la que los dos mejores equipos del continente se disputarán el trofeo más preciado a nivel de clubes. Esta elección profundiza el modelo de final única implementado por la confederación, un formato que busca estandarizar la organización logística y maximizar el impacto económico en las ciudades anfitrionas.
Infraestructura y logística del evento
Si bien resta la confirmación oficial del recinto —con el Estadio Centenario como principal candidato por su peso histórico y capacidad—, las autoridades uruguayas ya trabajan en coordinación con los equipos técnicos de la Conmebol. Se prevé que en el corto plazo se brinden precisiones sobre el operativo de seguridad y el sistema de expendio de tickets para las parcialidades finalistas.
La designación de Montevideo no es azarosa; responde a una política de previsibilidad y excelencia en la infraestructura que la capital charrúa ha demostrado en ediciones anteriores. Para los clubes argentinos, brasileños y del resto del continente, el objetivo ahora tiene una coordenada geográfica clara para el último trimestre del año.
Impacto regional
Desde la dirigencia de Conmebol destacaron que este tipo de eventos trasciende lo estrictamente deportivo, funcionando como un potente motor para el turismo y la visibilidad de la región. "Buscamos potenciar el espectáculo y la organización", señalaron desde la matriz del fútbol sudamericano, reafirmando el compromiso con un show de estándares internacionales que será transmitido a más de 180 países.