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Se acabó el verso: Roberto Bruno no es outsider ni cayó en paracaídas

01/02/2026

El “infiltrado” del macrismo que ahora va por la intendencia de la Capital.

Hay palabras que en campaña se usan como perfume caro: se tiran encima para tapar el olor a ropero viejo. “Outsider” es una de esas. Suena a novedad, a aire fresco, a alguien que viene de afuera a “ordenar” lo que la política “arruinó”. Pero con Roberto Bruno, en Santiago del Estero, esa etiqueta no resiste un archivo básico: no cayó del cielo ni apareció de la nada. Su trayectoria tiene sellos, fechas y un paso por el Estado nacional en tiempos de Cambiemos que lo ubican con bastante precisión. 

El macrismo con sello estatal

El dato duro es simple: Roberto Bruno militó activamente en el PRO (Cambiemos) de Santiago del Estero de la mano de Rodrigo Posse y Facundo Pérez Carletti (actual diputado provincial). Con esa pertenencia política salió a tocar timbres casa por casa para convencer al electorado que la propuesta de Mauricio Macri, diametralmente opuesta a la propuesta del oficialismo provincial, era la que iba a redimir a los santiagueños. Lo hizo tan bien y con tanta convicción que en junio de 2017 Roberto Bruno asumió como nuevo gerente de ANSES en La Banda. No fue un detalle menor ni un cargo ornamental: ANSES es un organismo central del Estado, con poder territorial, caja operativa y vínculo cotidiano con miles de personas. Y en aquel momento, el gobierno nacional era Cambiemos.

Ese hecho, por sí solo, derrumba el disfraz. Porque el “outsider” no administra un organismo nacional en pleno ciclo de gobierno. El outsider no llega por concurso a un sillón político. El outsider no aparece con un nombramiento que huele a armado y pertenencia. 

Su salida se produjo con el cambio de gobierno a nivel nacional a fines de 2019, ya que pertenecía a la administración de Mauricio Macri. 

En enero de este año, Bruno oficializó el lanzamiento de su precandidatura a intendente de la ciudad Capital, con un discurso de cercanía y “anclaje territorial”, hablando de continuidad de obras y de escuchar al vecino.

El punto no es que no pueda competir. El punto es el relato: se intenta presentar como novedad cuando su biografía política indica lo contrario. La palabra “renovación” le queda como una etiqueta nueva pegada sobre un frasco usado: puede engañar de lejos, pero de cerca se nota.

La política santiagueña tiene un talento especial para fabricar personajes: el “vecinalista” que aparece con aparato, el “independiente” que viene con bendiciones, el “nuevo” que ya estuvo. Y cuando eso pasa, lo que se intenta no es ganar una elección: se intenta ganar el relato.

Por eso, se acabó el verso. Roberto Bruno puede presentarse como empresario, como gestor, como lo que quiera. Pero no es outsider. No cayó en paracaídas. Su historia —con ANSES bajo Cambiemos— muestra otra cosa: un dirigente que ya jugó en primera, que conoce los pasillos del poder y que hoy busca rebranding.

Y ahí está el punto que vale para cualquier candidato, no solo para Bruno: en Santiago, la gente no está pidiendo un “nuevo” de marketing. Está pidiendo coherencia, transparencia y coraje para hacerse cargo del propio archivo. Porque lo único verdaderamente outsider —en una política acostumbrada a reciclarse— sería algo rarísimo: decir la verdad completa, sin maquillaje, y bancarse las preguntas.

 

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