n la costanera de Rosario, la historia de Julio Adad llama la atención de quienes pasean por el parque. Durante la semana, se desempeña como médico cirujano y traumatólogo, además de ejercer la docencia. Sin embargo, los fines de semana cambia el quirófano por un carrito de pochoclos.
Lejos de tratarse de una actividad ocasional o un ingreso extra, Adad asegura que esta práctica forma parte de su identidad. Es la cuarta generación de una familia dedicada a la venta de pochoclos, un oficio con el que creció desde pequeño y al que nunca quiso renunciar.
Según cuenta, durante su etapa de formación médica, cuando se alejó de ese entorno, llegó a experimentar angustia, lo que reafirmó el valor personal que tiene esta tradición en su vida.
Actualmente, logra equilibrar ambos mundos: el hospital, la universidad y el parque. Allí, deja de lado el bisturí para tomar una olla de cobre y continuar con el legado familiar.
Su historia generó repercusión por mostrar una faceta poco habitual en profesionales de la salud y por poner en valor el arraigo, la identidad y la pasión por las raíces, más allá de las profesiones.