La dificultad para acceder a una vivienda propia, el crecimiento del alquiler y la informalidad urbana forman parte de una problemática que, según Matías Araujo, investigador de la Fundación Tejido Urbano, ya no puede explicarse como una crisis coyuntural. En diálogo con Actualidad Política por LV11, sostuvo que la situación habitacional de la Argentina es estructural y que afecta a millones de hogares.
Araujo aseguró que, de acuerdo con las estimaciones que maneja la fundación, 10,5 millones de hogares presentan algún tipo de problemática habitacional, lo que equivale a alrededor de siete de cada diez hogares.
“Esto no es de un día para el otro. Son años y años en los que se ha profundizado la cuestión del déficit habitacional”, expresó.
El investigador explicó que el problema no se limita únicamente a la falta de viviendas. También incluye hogares con hacinamiento, falta de servicios, ausencia de escritura, informalidad en la tenencia y dificultades crecientes para acceder al crédito.
El crédito hipotecario sigue siendo demasiado pequeño
Uno de los ejes centrales de la entrevista estuvo puesto en la reaparición de líneas de financiamiento hipotecario.
Araujo explicó que la nueva herramienta impulsada a través del Fondo de Garantía de Sustentabilidad permitiría generar aproximadamente 17.000 nuevas hipotecas, pero consideró que el número sigue siendo reducido frente a la magnitud del problema.
“Si yo lo comparo con el déficit cuantitativo, donde faltan cerca de un millón de viviendas, 17.000 no me mueven el amperímetro”, sostuvo.
Sin embargo, aclaró que la medida puede servir para generar mejores condiciones para el desarrollo de un mercado hipotecario que hoy sigue siendo muy pequeño.
Según señaló, el crédito hipotecario representa menos del 2% del PBI argentino, una proporción muy baja frente a otros países.
“Nosotros en Argentina compramos de contado la casa y pagamos en cuotas las zapatillas, cuando debería ser al revés”, graficó.
La casa propia llega cada vez más tarde
Araujo también puso el foco en el retraso de la edad en la que una persona logra acceder a una propiedad.
Según explicó, en grandes centros urbanos, mientras que en 2005 una persona podía convertirse en propietaria entre los 30 y 35 años, actualmente esa posibilidad se estaría trasladando hacia los 40 o 45 años.
El investigador vinculó este fenómeno con la pérdida de estabilidad laboral, la expansión del trabajo informal y el deterioro de los ingresos.
“El trabajo formal estructuraba nuestra vida familiar y nuestro proyecto de vida. Te daba ingresos estables, acceso a salud, crédito y jubilación”, explicó.
Con el crecimiento del empleo informal, agregó, esos mecanismos se debilitan y se vuelve más difícil planificar a largo plazo.
Santiago del Estero: una situación preocupante
Durante la entrevista, Araujo también aportó datos específicos sobre Santiago del Estero.
Según indicó, el 85% de las viviendas de la provincia presenta algún tipo de problemática, ya sea por falta de servicios, dificultades de acceso a una escritura, alquiler o situaciones de informalidad.
Además, aseguró que para resolver solamente el componente relacionado con el hacinamiento serían necesarias unas 18.700 viviendas.
“Hay ciudades que crecen y crecen mal, porque crecen en lugares donde no deben”, advirtió.
Mencionó como ejemplo loteos que no cuentan con cloacas, agua segura o escritura, situaciones que terminan generando inseguridad en la tenencia y dificultades para proyectar a futuro.
Una generación que podría alquilar toda su vida
Otro de los puntos que más preocupación genera, según Araujo, es el crecimiento sostenido de generaciones que no logran acceder a la vivienda propia.
El fenómeno afecta especialmente a las personas de entre 30 y 45 años, que en muchos casos no pudieron ingresar al mercado de la propiedad.
“Estamos viendo generaciones y generaciones de inquilinos”, sostuvo.
La preocupación se vuelve todavía mayor al analizar qué ocurre cuando esas personas llegan a la jubilación.
“Llegar alquilando con la jubilación en la tercera edad resulta catastrófico. Ocho de cada diez jubilados que alquilan son vulnerables”, aseguró.
Para el investigador, la vivienda no es solamente un bien económico, sino una herramienta central para garantizar estabilidad y seguridad a lo largo de la vida.
“La Argentina que conocíamos está en jaque”
Sobre el final de la entrevista, Araujo reflexionó sobre el tradicional proyecto de vida argentino basado en estudiar, trabajar, formar una familia y comprar una vivienda.
Según señaló, ese esquema comenzó a romperse.
“Cuatro de cada diez jóvenes no se van de la casa de sus padres”, afirmó.
También sostuvo que los jóvenes de 30 años hoy acceden a puestos laborales que dos décadas atrás podían ocupar personas de 20, lo que implica una postergación de alrededor de diez años en distintas etapas de la vida.
“Tenemos diez años que perdimos para poder cumplir o alcanzar las oportunidades que antes este país ofrecía”, señaló.
Para Araujo, el desafío central es volver a generar condiciones de previsibilidad.
“Tenemos que volver a imaginar qué va a pasar de acá a cinco, a veinte años y al final de nuestra vida”, concluyó en diálogo con Actualidad Política.






