En el corazón de la capital santiagueña, una iniciativa busca revalorizar la literatura a través de la economía circular. Se trata de “Alejandría”, un espacio virtual creado por Constance Gau, estudiante de Nutrición, quien encontró en los libros de segunda mano un nicho que combina pasión, romanticismo y una propuesta económica accesible.
La mística del papel usado
Para “Coti”, como la conocen sus seguidores, un libro usado no es simplemente un objeto antiguo. “Tienen otra cosa, las páginas amarillas, una frase subrayada… te da la certeza de que otra persona vivió lo mismo que vos en otra línea temporal”, confesó durante una entrevista en ADN de Radio. Bajo esta premisa, la emprendedora transformó su hogar en un “búnker literario”, donde los ejemplares cobran una nueva vida.
El proyecto, que nació inicialmente de una necesidad económica, se consolidó como un punto de encuentro para lectores. Su catálogo, que excluye el material académico, abarca novelas, ensayos de política y economía, y diversas obras de ficción. Según la creadora, su preferencia radica en los libros que permiten el debate: “La ficción te permite dualidades, me parece mucho más enriquecedor”.
¿Cómo funciona Alejandría?
Con una logística basada en la colaboración y la comunidad, el emprendimiento opera de forma sencilla a través de su cuenta de Instagram @alejandria.sgo:
Gestión: Los proveedores acercan sus libros, los cuales son revisados minuciosamente por Constance.
Comercialización: Los ejemplares se ofrecen con descuentos de entre el 45% y el 55% respecto al precio de mercado en librerías tradicionales.
Modelo de negocio: Al concretarse la venta, las ganancias se dividen en partes iguales entre la emprendedora y el proveedor original del ejemplar.
El salto a la virtualidad
Uno de los mayores retos para la joven fue adaptarse a la exigencia de las redes sociales. “Hay que jugar a ser influencer cuando tu medio de venta es online”, admitió. Sin embargo, tras vencer la timidez y comenzar a mostrarse activamente en las plataformas, el crecimiento del proyecto fue exponencial: “Fue increíble el impacto; el emprendimiento creció muchísimo en solo dos semanas”.
Hoy, “Alejandría” no solo es un canal de ventas, sino una comunidad literaria consolidada en Santiago del Estero, demostrando que el interés por el libro físico, con sus marcas y su historia, mantiene una vigencia indiscutible.






