El clima alrededor de Julián Álvarez en el Atlético de Madrid alcanzó un nuevo pico de tensión tras la aparición de pancartas de rechazo en las inmediaciones de la Ciudad Deportiva de Majadahonda. Los carteles, que exhibían la frase "Julián fuera" acompañada por el dorsal 19 tachado, hicieron visible el malestar de un sector de la afición en medio de las persistentes versiones sobre una posible partida del delantero argentino en este mercado de pases.
La tirantez entre la hinchada y el futbolista se intensificó tras trascender intenciones del jugador de buscar un traspaso, sumado a su manifestado interés por vestir la camiseta del Barcelona. En ese contexto, la dirigencia colchonera, encabezada por Miguel Ángel Gil Marín, mantuvo una postura firme al rechazar una propuesta de 100 millones de euros formulada por el club catalán, remitiéndose a la cláusula de rescisión de 500 millones de euros estipulada en el contrato del atacante, vigente hasta junio de 2030.
Pese a quedar marginado de la pretemporada tras su participación en el certamen mundialista y recibir silbidos en el estadio Metropolitano, el entrenador Diego Simeone intentó bajar la tensión ante la prensa: "Desde lo deportivo intentaremos cuidar a la persona y al jugador y esperar que esté en las condiciones para que siga cuidando el nombre que tiene". Asimismo, el técnico remarcó que el cordobés mantuvo una actitud respetuosa frente a las manifestaciones de la parcialidad madrileña.
A nivel estadístico, Álvarez viene de firmar un ciclo destacado en el conjunto español, habiendo registrado 20 goles y 9 asistencias en 49 presentaciones oficiales. Mientras el delantero continúa entrenándose junto al plantel a la espera de definiciones, la plana mayor del Atlético evalúa de manera preventiva posibles sustitutos en la delantera, figurando el atacante sueco Viktor Gyökeres entre las alternativas en carpeta ante una eventual negociación de escala global.






