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Bullying escolar: “No podemos responder a la violencia con más violencia”, advirtió Paola Zabala en LV11

La directora de la Comunidad Antibullying Argentina analizó un caso ocurrido en Catamarca y cuestionó las respuestas tardías de las instituciones. También explicó cómo reconocer situaciones de hostigamiento y ayudar a las víctimas.

Bullying escolar: “No podemos responder a la violencia con más violencia”, advirtió Paola Zabala en LV11
La licenciada Paola Zabala, directora de la Comunidad Antibullying Argentina, dialogó con ADN de Radio por LV11 y destacó la importancia de prevenir el acoso escolar y reconocer sus primeras señales.

El bullying en las escuelas argentinas volvió a quedar en el centro del debate a partir de un caso de hostigamiento que tomó estado público en Catamarca. En ese contexto, la licenciada Paola Zabala, consultora psicológica y directora de la Comunidad Antibullying Argentina, dialogó con el programa ADN de Radio, de Radio LV11, y advirtió sobre las consecuencias del acoso escolar, la falta de prevención y las dificultades que tienen los adultos para reconocer las primeras señales de violencia entre estudiantes.

Durante la entrevista, la especialista puso el foco en una problemática que, según explicó, no comienza ni termina con un episodio de agresión. Por el contrario, suele desarrollarse a lo largo del tiempo, ante situaciones que muchas veces pasan inadvertidas para las familias y las instituciones educativas.

El caso que motivó la conversación ocurrió durante un viaje de egresados en Catamarca, donde una adolescente denunció haber sufrido humillaciones y agresiones por parte de sus compañeros.

Zabala consideró que lo sucedido merece un profundo rechazo, pero también cuestionó las reacciones violentas que se generaron posteriormente contra quienes fueron señalados por el hostigamiento.

“No podemos responder a la violencia con más violencia”, expresó.

La profesional explicó que, aunque estas conductas resultan repudiables, es necesario comprender que los adolescentes todavía se encuentran en una etapa de formación personal y que las respuestas sociales deberían orientarse a reparar el daño y evitar nuevos episodios.

“El bullying deja huellas no solamente en la adolescencia, huellas que también continúan replicándose en la adultez”, advirtió.

En ese sentido, señaló que una persona que sufrió acoso escolar puede arrastrar sus consecuencias durante años si no recibe el acompañamiento adecuado.

“¿Cómo llegamos tan tarde?”: el cuestionamiento a las familias y las escuelas

Uno de los planteos más contundentes de Zabala estuvo relacionado con la responsabilidad de los adultos frente a situaciones de hostigamiento.

La especialista sostuvo que, en numerosos casos, las instituciones reaccionan recién cuando los hechos adquieren repercusión pública, en lugar de intervenir ante las primeras señales.

Al referirse al episodio de Catamarca, cuestionó la respuesta inicial del establecimiento educativo y consideró que las medidas posteriores llegaron cuando el caso ya había provocado un fuerte impacto mediático.

También se preguntó qué papel tuvieron las familias de quienes participaron de las agresiones y si existieron comportamientos anteriores que pudieron haber encendido alguna alarma.

“¿Cómo, como adultos, llegamos tan tarde siempre? Somos reactivos, actuamos cuando nos damos cuenta de que ocurre un caso, pero hacemos oídos sordos o desviamos la vista ante otras señales”, reflexionó.

Para Zabala, la prevención debe comenzar mucho antes de que aparezcan episodios graves de violencia.

En ese sentido, remarcó la importancia de recuperar la educación en valores y enseñar que la humillación de un compañero no puede convertirse en una forma de obtener reconocimiento dentro de un grupo.

“Tenemos que enseñarles a los chicos que la crueldad no tiene que ser algo que me da prestigio”, sostuvo.

La profesional también explicó que el acoso escolar puede manifestarse de distintas maneras y que no siempre resulta evidente para los adultos.

Entre las formas más reconocibles se encuentra el bullying físico, que incluye golpes, empujones y otras agresiones directas.

Sin embargo, advirtió que existen situaciones menos visibles que pueden generar consecuencias igualmente importantes.

Una de ellas es el bullying social, que se manifiesta mediante la exclusión, el aislamiento y la discriminación dentro de un grupo.

Como ejemplo, mencionó a los estudiantes que siempre quedan solos cuando deben formar equipos para una actividad escolar o que nunca encuentran compañeros para realizar trabajos prácticos.

“Esas son señales de bullying social que muchas veces los adultos no estamos preparados para reconocer”, explicó.

También identificó el hostigamiento psicológico, que puede incluir burlas, apodos ofensivos y humillaciones reiteradas.

A estas modalidades se suma el bullying material, relacionado con el daño o la destrucción de pertenencias personales.

Según detalló, un estudiante que regresa a su casa con la mochila rota, el guardapolvo dañado o útiles destruidos, sin poder explicar lo sucedido, podría estar atravesando una situación que requiere atención.

Zabala aclaró, además, que estas dinámicas no se limitan exclusivamente a las aulas.

También pueden aparecer en clubes deportivos y otros espacios donde conviven niños y adolescentes. En esos ámbitos, entrenadores y responsables de las actividades cumplen un papel importante en la detección y prevención del hostigamiento.

El papel de los testigos y por qué la prevención debe comenzar antes

Durante otro tramo de la entrevista con Radio LV11, la directora de la Comunidad Antibullying Argentina cuestionó que buena parte de las propuestas para abordar el acoso escolar estén centradas principalmente en las sanciones.

Si bien consideró necesario que las conductas de hostigamiento tengan consecuencias, sostuvo que el castigo por sí solo no resuelve el problema.

“Estamos corriendo detrás del problema cuando nos ocupamos o nos enfocamos solamente en la penalización. Deberíamos enfocarnos en la prevención”, afirmó.

En ese sentido, planteó que las escuelas deberían prestar mayor atención al clima de convivencia entre los estudiantes, ya que puede ofrecer indicios sobre posibles situaciones de violencia.

También destacó que la intervención no debe limitarse a la víctima y a quien ejerce el hostigamiento, sino que debe incluir a los compañeros que presencian estas conductas.

“No hay una posición neutral frente al bullying. Yo, como testigo, tengo un grado de responsabilidad, porque si no hago nada frente a lo que sucede, estoy siendo cómplice”, expresó.

No obstante, aclaró que ayudar a una persona que sufre acoso no significa exponerse a una situación peligrosa.

Por el contrario, existen distintas maneras de intervenir de forma segura, como acompañar al estudiante afectado durante los recreos, ofrecerse a hablar con un docente o comunicar lo que sucede a un adulto de confianza.

La especialista insistió en que los alumnos necesitan herramientas para comprender que su intervención puede marcar una diferencia, especialmente cuando una víctima se encuentra aislada o tiene dificultades para pedir ayuda.

En este punto, mencionó un dato que consideró preocupante: según un informe de Argentinos por la Educación de 2025, citado durante la entrevista, solamente el 24% de los estudiantes que sufren bullying pide ayuda.

Para Zabala, esa situación demuestra la necesidad de generar espacios de confianza donde los chicos puedan contar lo que les sucede sin sentir vergüenza o temor.

La profesional también hizo referencia a la importancia de contar con protocolos escolares de actuación y acompañamiento psicológico, tanto para quienes sufren las agresiones como para quienes las ejercen.

Respecto del caso de Catamarca, sostuvo que las respuestas institucionales deberían contemplar la reparación del daño, el trabajo sobre las conductas violentas y la prevención de nuevos episodios.

Finalmente, remarcó que el desafío no corresponde únicamente a las escuelas, sino también a las familias y a la sociedad.

“Tenemos que trabajar fuertemente con los testigos y, por supuesto, también con quien está siendo hostigado para que no sienta vergüenza y pueda pedir ayuda”, concluyó.

De esta manera, la entrevista dejó una reflexión central: el bullying no debe abordarse solamente cuando una agresión se vuelve pública, sino desde las primeras señales de exclusión, humillación o violencia que pueden aparecer en la vida cotidiana de los estudiantes.

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