Por Ariel Sequeira
El 70 por ciento de las rutas del país se encuentran en estado regular o malo. Esto es consecuencia de la paralización de la obra pública y de la falta de mantenimiento. Todo es fruto de las políticas del gobierno libertario de Javier Milei, que desde el inicio de su gestión trató de cerrar esa dependencia del Estado, que afortunadamente fue abortada por disposición de la Justicia Federal. Quienes aun trabajan en Vialidad de la Nación advierten que, si no se reactiva el mantenimiento de las rutas, provocará un deterioro exponencial que a la postre costará mucho más caro, echando por tierra el supuesto ahorro para alcanzar el ficticio déficit cero.
La Cámara Argentina de la Construcción, fue categórica al señalar que las rutas sufren décadas de baja inversión, pero advirtió que las últimas medidas de la Nación, aceleraron la destrucción de los pavimentos. Cualquiera sabe que mantener es mucho más económico de construir desde cero, pero al parecer Milei no… Cualquiera sabe que la moto sierra libertaria trabaja a full desde que asumió el presidente, lo que pocos conocen es en el presente la Argentina necesitaría invertir unos 36 mil millones de dólares, por año, para poner en óptimas condiciones la red vial nacional. A nadie escapa que para los libertarios la solución es la privatización de “todos” los corredores por donde se mueve el país, aunque los que saben aseguran que concesionar rutas sería solo rentable para los caminos con alto tránsito, dejando en desventaja a las rutas secundarias. Cada día que pasa, recuperar las rutas que hoy están con su mantenimiento paralizado, será más oneroso.
En lo que compete a la construcción en general, que dicha actividad sigue 25 por ciento por debajo de los niveles de 2023. Sin infraestructura ni crédito hipotecario, opinan los que saben que será imposible regresar a un crecimiento del 4 al 5 por ciento anual. El origen de todos los males es la paralización de la obra pública, aunque como se ve, las obras con inversión privada están también en caída libre.
Parece mentira que un empresario como Gustavo Weiss, presidente de la cámara, se muestre expectante o confundido, cuando plantea que mientras sectores como la energía, el petróleo, la minería y el agro, exhiben números favorables, en una economía en caída libre, la construcción aún se encuentre muy lejos de mejorar su situación. Weiss no entiende o no quiere entender, que sin la participación del Estado en todo tipo de obras, la desocupación, la caída del consumo, la alta, muy alta inflación, la caída estrepitosa de la IED -inversión directa extranjera- que por primera vez en 20 años muestra números en rojo, es decididamente imposible que otros rubros alejados de la minería y el agro, puedan llegar a reactivarse.
Para no dejar solo a Weiss, vale revisar lo que dijo Ricardo Arriazu -columnista de Clarín y autor de más de cuarenta libros sobre economía-: "La destrucción del empleo es muy rápida y la creación de nuevos puestos es mucho más lenta. Son procesos de transición que requieren reconversión y llevan tiempo". En ese tiempo que plantea este disertante habitual de Harvard, es el lapso en el que decenas de miles quedan en la calle sin comida, sin vivienda, sin estudios, sin cobertura adecuada de salud, sin red contenedora del Estado. Sorprende que un especialista en política y economía como Arriazu, no haya comprendido la responsabilidad puntual de los gobiernos en una República. No es recortando derechos, ni dejando gente en la calle o apaleando jubilados que piden comida, como se hace grande una nación. ¿Realmente Arriazu cree que la IED da números en rojos sin motivos? No será que el capital extranjero ve claramente que el país se desbarranca y que invertir a largo plazo es un albur en la Argentina…






