La commotio cordis representa un fenómeno clínico sumamente infrecuente que no se encuentra vinculado ni condicionado por patologías de base o antecedentes cardiológicos previos. Durante su intervención en este jueves del año 2026, el doctor Lezana precisó que este cuadro puede afectar a personas absolutamente sanas y deportistas de alto rendimiento por igual. El mecanismo se activa por un traumatismo cerrado y directo sobre la pared torácica anterior que se proyecta inmediatamente por encima del corazón, coincidiendo de manera milimétrica con una ventana temporal crítica de apenas unos milisegundos dentro del ciclo eléctrico cardíaco, lo que despolariza las células del miocardio y deriva en una muerte súbita.
El especialista detalló que, si bien esta afección posee una mayor tasa de incidencia estadística en disciplinas como el béisbol, el hockey o el fútbol americano debido al uso de elementos de alta densidad y dureza, el fútbol tradicional no se encuentra exento de estos episodios fortuitos. "Fue una situación sumamente puntual, quizás una pelota con excesiva presión de inflado que impactó en el momento exacto de la vulnerabilidad eléctrica. Se trata de un hecho netamente accidental y de carácter aleatorio", subrayó el facultativo para desmitificar que exista una epidemia de fallas cardíacas en los predios de juego locales.
"Es un cambio eléctrico celular causado por un golpe fortuito; no hay una enfermedad previa en el corazón de la persona."
Respecto a los protocolos de emergencia ante un evento de esta naturaleza, Lezana enfatizó de manera categórica que la aplicación inmediata de maniobras de Reanimación Cardiopulmonar (RCP) constituye la primera línea de supervivencia para el afectado. Sin embargo, advirtió que al tratarse de una arritmia ventricular severa como trasfondo mecánico, la disponibilidad de un Cardiodesfibrilador Externo Automático (DEA) en los complejos deportivos resulta indispensable, ya que la descarga eléctrica es el único método efectivo capaz de revertir el caos eléctrico y restablecer el latido normal.
Finalmente, el profesional médico reiteró su llamado a la prudencia institucional y social, instando a las familias y a los clubes de barrio a continuar promoviendo la práctica del deporte en todas las edades y niveles competitivos. Remarcó que la tragedia que motivó el debate es un suceso aislado y excepcional dentro de la medicina del deporte, cuya mejor estrategia de control no es la suspensión de las actividades recreativas, sino la capacitación masiva de la población en técnicas de primeros auxilios y la correcta diagramación de espacios cardioprotegidos.






