Ubicado a 110 kilómetros de Nicaragua y a más de 720 del continente colombiano, el archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina atraviesa una histórica crisis de identidad, soberanía y sostenibilidad. Afectadas por fenómenos climáticos extremos como el huracán Iota en 2020 y los fallos de la Corte Internacional de La Haya que redujeron su territorio marítimo, las islas enfrentan un persistente sentimiento de desarraigo. En su última obra, Las pérdidas, la periodista y escritora sanandresana Cristina Bendek aborda en primera persona el dolor colectivo de los isleños y cuestiona la relación histórica entre el Gobierno central y sus fronteras marítimas.
Bendek sostiene que la política exterior del país hacia la región del Caribe se encuentra condicionada por un trauma histórico que remonta a principios del siglo XX. "El Estado no entiende nuestra condición de isla oceánica ni el potencial para proyectarse hacia el Caribe; Colombia tiene una paranoia tras perder Panamá en 1903 que la ha llevado a un aislacionismo", explicó la autora. A su juicio, la visión centralista ha derivado en una postura colonialista que homogeneiza las diferencias lingüísticas y culturales del pueblo raizal, ignorando la importancia estratégica y ambiental del territorio.
A la pérdida de espacio marítimo y recursos pesqueros se suma la presión ejercida por un modelo económico centrado casi exclusivamente en el turismo. Según la escritora, la actividad extractivista compromete la viabilidad ambiental de la reserva de biosfera, desplaza a la población local de la cadena productiva y posterga prioridades clave como la soberanía alimentaria. "Temo que se comprometa el archipiélago como un lugar para vivir", advirtió Bendek, tras equiparar la marginación de las islas con la que sufren otras periferias continentales del país como el Pacífico o la Amazonía.






