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“¿Cómo te sentís hoy?”: Ana Cecilia Vera invitó en LV11 a mirar, escuchar y acompañar al otro

En “De mañana y sin apuro”, Ana Cecilia Vera propuso salir del “¿cómo estás?” automático y animarse a preguntar “¿cómo te sentís hoy?”. También habló de pedir ayuda y acompañar sin juzgar ni intentar resolverlo todo.

“¿Cómo te sentís hoy?”: Ana Cecilia Vera invitó en LV11 a mirar, escuchar y acompañar al otro
Ana Cecilia Vera pasó por “De mañana y sin apuro” y reflexionó sobre la importancia de preguntar, escuchar, pedir ayuda y acompañar al otro desde una presencia genuina.

Una pregunta sencilla puede convertirse en la puerta para que alguien se anime a hablar. Ana Cecilia Vera pasó por “De mañana y sin apuro”, en Radio LV11, y dejó una propuesta tan cotidiana como profunda: abandonar por un momento el automático “¿cómo estás?” y preguntar con verdadero interés “¿cómo te sentís hoy?”. A partir de allí, habló sobre la importancia de pedir ayuda, escuchar sin juzgar y aprender a acompañar sin pretender solucionar la vida del otro.

La conversación partió justamente de una situación que se repite todos los días. Alguien pregunta “¿cómo estás?” y casi inmediatamente recibe un “bien” como respuesta.

Para Vera, la diferencia aparece cuando la pregunta deja de ser una formalidad y existe un interés genuino por escuchar la respuesta.

¿Cómo te sentís hoy realmente?”, propuso como una manera diferente de acercarse.

No necesariamente hace falta mantener una conversación de dos horas. A veces, explicó, alcanza con generar un pequeño espacio donde la otra persona perciba que lo que está sintiendo no molesta y que hay alguien dispuesto a escuchar.

Primero, preguntarse cómo está uno mismo

Antes de acompañar a alguien, Vera planteó un primer ejercicio: registrarse a uno mismo.

Para explicarlo utilizó el conocido ejemplo de las máscaras de oxígeno de los aviones: antes de ayudar a otra persona, cada pasajero debe colocarse la propia.

Nadie puede asistir a otros si no se puso el oxígeno primero. Acompañar empieza por registrarse uno”, sostuvo.

La pregunta entonces también debe hacerse hacia adentro: ¿cómo me siento hoy?, ¿qué necesito?, ¿tengo espacio emocional para escuchar al otro sin juzgar?

Según explicó, cuando una persona está desbordada o funciona permanentemente “en piloto automático”, puede resultar mucho más difícil advertir qué le ocurre a quien tiene al lado.

En su caso, contó que utiliza herramientas sencillas como escribir en un cuaderno, practicar journaling o incluso grabarse audios para ordenar lo que piensa y siente.

Del “todo bien” a una pregunta genuina

El segundo paso propuesto por Vera fue romper con el saludo automático.

En lugar del habitual “¿todo bien?”, sugirió preguntas como “¿cómo te sentís hoy?”, “¿cómo viene tu día?” o incluso “¿te puedo dar una mano?”.

Recordó, en ese sentido, una experiencia con un jefe al que decidió preguntarle cómo se sentía.

Me dijo: ‘La verdad, te agradezco un montón porque me cambiaste el día’”, relató.

No fue necesaria una conversación extensa. Para Vera, lo importante fue que esa persona percibiera que alguien la había visto y se había interesado genuinamente por lo que estaba atravesando.

Ese tipo de acercamiento, sostuvo, puede trasladarse a la familia, los amigos, el trabajo e incluso a encuentros circunstanciales de la vida cotidiana.

“Acompañar no es resolverle la vida al otro”

El tercer punto fue quizá uno de los más importantes de su intervención: acompañar no significa tener todas las respuestas.

A veces los que nos encanta ayudar ya queremos, con ansiedad, que el otro esté mejor. Y el otro tiene sus tiempos”, reflexionó.

Por eso, destacó que ayudar puede consistir simplemente en estar presente, escuchar activamente, evitar los juicios y hacerle saber a la otra persona que no está sola.

Aquí estoy, no estás solo”, resumió.

Y esa misma frase, sostuvo, también puede dirigirse hacia uno mismo.

Pedir ayuda también forma parte del camino

En el marco de los días dedicados a la concientización y prevención del suicidio, la conversación puso especial énfasis en la escucha y la posibilidad de pedir ayuda cuando una situación comienza a desbordar los recursos personales.

Sin reducir una problemática compleja a una sola causa o solución, el espacio destacó el valor de no atravesar en soledad momentos de sufrimiento intenso y recurrir a personas de confianza y, cuando sea necesario, a profesionales o servicios de salud.

También se remarcó que acompañar a alguien que atraviesa una crisis no implica asumir en soledad la responsabilidad por su bienestar: la presencia cercana puede ser importante, pero no reemplaza la asistencia profesional cuando existe riesgo o un sufrimiento que requiere atención especializada.

Tres ideas para llevar a la vida cotidiana

La columna de Ana Cecilia Vera terminó condensando la propuesta en tres acciones: registrarse primero a uno mismo, abandonar el saludo automático para abrir conversaciones genuinas y comprender que acompañar no es solucionar todos los problemas del otro.

Una invitación a detenerse por unos segundos, mirar a quien está enfrente y hacer una pregunta con disposición real a escuchar la respuesta.

Porque detrás de un “bien” automático puede haber mucho más para decir.

Y la pregunta quedó flotando al aire en “De mañana y sin apuro”:

¿Cómo te sentís hoy?

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