La aceleración inflacionaria y el aumento sostenido en el costo de la canasta básica han generado una situación crítica en la economía de los hogares de la tercera edad. Según el último informe de Politikon Chaco, elaborado en base a datos del INDEC, la tasa de adultos mayores de 65 años que trabajan registró un salto del 32,6% respecto a 2016, una cifra que supera ampliamente el crecimiento del empleo total en el mismo período.
Esta realidad se hizo visible recientemente en el frigorífico Cabaña Don Theo, donde se registraron más de diez cuadras de cola bajo la lluvia para apenas 60 puestos de trabajo. Entre los postulantes se encontraban abuelos y abuelas de 60 años o más, mezclados con jóvenes que buscaban su primer empleo. "Fue fuerte ver a personas que ya criaron a sus hijos tener que empezar un nuevo trabajo", reconocieron desde la empresa tras recibir más de 4.000 currículums.
Una jubilación que no alcanza
La brecha entre los ingresos y los gastos cotidianos es el principal motor de este fenómeno. Actualmente, la jubilación mínima se ubica en $473.174,10 (incluyendo el bono de $70.000 que permanece congelado desde marzo de 2024), mientras que la canasta básica para un hogar de jubilados en grandes centros urbanos ya supera los $744.990. Esta diferencia obliga a los adultos mayores a buscar ingresos extra para cubrir necesidades básicas como alimentación y medicamentos.
El informe destaca que casi la mitad de los ocupados mayores de 65 años son cuentapropistas (48,1%), el nivel más alto desde que se inició la serie estadística en 2016. Este avance del cuentapropismo no responde a una elección individual de mantenerse activos por vocación, sino a una necesidad imperiosa de generar recursos ante el deterioro del poder adquisitivo de los haberes previsionales.
Precarización e informalidad laboral
Además del crecimiento del trabajo por cuenta propia, el empleo asalariado en este sector se ha vuelto más precario. La informalidad entre los trabajadores mayores de 65 años pasó del 47% en 2016 al 55,7% en 2025. Esto significa que más de la mitad de los adultos mayores que continúan activos lo hacen sin aportes ni registración legal, concentrándose principalmente en rubros como la construcción y el comercio minorista.
Solo en el último año, mientras los asalariados formales de este rango etario cayeron un 11%, los trabajadores informales crecieron un 21,2%. Esta tendencia refleja un mercado laboral que absorbe a los jubilados en condiciones de vulnerabilidad, quienes se ven forzados a aceptar tareas físicamente exigentes o jornadas extensas para intentar equiparar el costo de vida actual.






