Por Ariel Sequeira
La Argentina transita la peor ola de cierre de empresas, fábricas y Pymes de toda su historia. Durante el primer semestre de 2026 se registraron 132 concursos preventivos (proceso judicial que una empresa o persona solicita cuando no puede pagar sus deudas) y quiebras en empresas, elevando esa estadística al doble de lo que sucedió en 2025. Esas cifras superan ampliamente los registros de las gestiones de Carlos Saúl Menem, Mauricio Macri e incluso de Alberto Fernández con pandemia incluida. Con esta caída libre de la industria nacional, se estima que durante el presente año se podrían llegar a perder otros 105.000 empleos más.
En un reciente relevamiento entre industriales Pymes, se habría comprobado que la parálisis del mercado interno y la apertura indiscriminada de importaciones estarían destruyendo incluso a las fábricas más consolidadas en el medio. La pronosticada caída de más de 100 mil puestos de trabajo englobaría probablemente a unas 3.000 empresas bajando sus persianas. Estos números rozan la tragedia si se considera que desde 2023 hasta el presente habrían cerrado 3.759 empresas.
Hoy se sabe que un 67 por ciento de las empresas del país habría realizado despidos en lo que va del año. Es necesario comprender que los despidos, la caída del empleo y la capacidad ociosa instalada en las fábricas no hacen más que mostrar la crisis económica del país. Es obvio que ya no alcanza con dibujar la inflación para ganar títulos en los diarios porteños y sus noticieros, ni tampoco conforma a nadie el relato de los logros en materia de macroeconomía. El bolsillo del común de la gente y su capacidad de consumo en productos群imprescindibles son el genuino termómetro que muestra la debacle de la gestión Milei.
La ruptura de la cadena de pagos está impactando sobre miles y miles de proveedores que no pueden atender sus costos fijos ni pagar los sueldos. Cabe destacar que los mencionados costos fijos son aquellos gastos que deben pagar de forma regular los empresarios, sin importar si sus negocios producen mucho, poco o nada, ni la cantidad de ventas que logren. Estos incluyen el alquiler del local, los sueldos del personal administrativo, los servicios de internet o teléfono, los seguros y las cuotas de préstamos o impuestos fijos.
Ante este panorama, la industria argentina parece no encontrar piso, dado que sigue cayendo la producción, junto a la inversión y el empleo en todos los polos fabriles. Hoy se sabe que la industria manufacturera acumuló una baja del 3,1 por ciento en el primer semestre de 2026. Desde el sector apuntan que la pronunciada caída del consumo, asociada al costo del financiamiento (con tasas usurarias), más la presión tributaria y el avance de las importaciones, hacen impacto sobre la línea de flotación de la industria nacional, ocasionando el cierre de empresas e incrementando la pérdida de puestos de trabajo, lo que a su vez redundaría en una menor recaudación de impuestos, ya sea por la debacle del sector como por la retracción del cobro de IVA, al venderse menos productos. La pérdida total de empleos en la era Milei habría alcanzado la catastrófica cifra de 341 mil puestos de trabajo.
Es indudable que este modelo económico libertario está castigando a la producción nacional. La pérdida de industria destruye empleos formales que, como se sabe, demorarán décadas en recomponerse, y lo que podría ser peor aún: “fábrica que se cierra, fábrica que no se vuelve a abrir”.
Dicen que para muestra basta un botón. ¿Qué conclusiones sacaba el dueño de Havanna hace un año, cuando se le preguntaba por sus perspectivas para el 2026 a nivel consumo y de crecimiento? Tras señalar lo auspicioso de las elecciones de medio término en octubre de 2025 -ganadas por Milei-, el empresario aseguraba: “Este es un panorama nuevo para el país y todos tenemos la gran esperanza de que a partir de ahora la Argentina arranca en serio. Creo que vamos a construir un país como ya lo viene haciendo desde el inicio de su gestión Milei. Un país integrado al mundo, donde se respetan las leyes, un país previsible y que será atractivo para la inversión extranjera y local…”. Y como siempre se dice: la única verdad es la realidad, porque en el presente las ventas cayeron 9,7 por ciento y las pérdidas empresarias ya superan 747 millones de dólares.
Un viejo axioma reza: Cuando un payaso se muda a un palacio no se convierte en rey, el palacio se convierte en circo.






