Las largas jornadas frente a una computadora, el uso constante del celular y las comodidades que ofrece la tecnología modificaron profundamente la manera en que las personas se relacionan con su cuerpo. Cada vez son más las actividades que pueden realizarse sin necesidad de desplazarse, una realidad que plantea nuevos desafíos para la salud física y el bienestar cotidiano.
Sobre esta problemática habló la licenciada en Kinesiología Noelia González, quien participó de una entrevista en ADN de Radio, por Radio LV11, junto a Duilio Porilo, Julieta Escontrela y Gabriel Álvarez.
Durante la conversación, la especialista explicó que el sedentarismo no debe entenderse únicamente como la ausencia de ejercicio físico, sino también como una forma de organizar la rutina en la que el cuerpo permanece demasiado tiempo en reposo.
“El tema del sedentarismo nos afecta mucho hoy en día y no es solamente la falta de actividad física, sino también cómo uno habita su cuerpo y su jornada laboral”, señaló.
González planteó que el desafío consiste en recuperar una relación más consciente con el movimiento, sin necesidad de convertir cada actividad en una obligación.
En ese sentido, sostuvo que muchas personas relacionan el cuidado de la salud exclusivamente con asistir a un gimnasio o cumplir una rutina de entrenamiento, cuando existen otras posibilidades para mantenerse activas.
La profesional consideró que caminar, realizar movimientos durante la jornada laboral o dedicar unos minutos al autocuidado también pueden contribuir a modificar los hábitos cotidianos.
“La actividad física no necesariamente tiene que tomarse como una obligación”, expresó.
Para la kinesióloga, una de las claves está en encontrar actividades que resulten agradables y que puedan mantenerse con el paso del tiempo.
El impacto de las pantallas y la importancia de incorporar movimiento
Durante la entrevista, González reflexionó sobre los cambios que experimentaron las actividades recreativas, especialmente entre los niños y adolescentes.
Recordó que, años atrás, buena parte del tiempo libre estaba relacionado con juegos al aire libre, caminatas y actividades que implicaban movimiento constante.
En la actualidad, en cambio, las pantallas ocupan un espacio importante en la vida cotidiana y pueden desplazar algunas de esas prácticas.
“Hoy tenemos una infancia bastante sedentaria. Si bien por ahí uno lleva a los chicos a un deporte o a una clase de danza, no se ve tanto esto de los juegos y de la actividad física recreativa”, manifestó.
La especialista mencionó como ejemplos tradicionales los juegos de persecución y las escondidas, actividades que permitían moverse espontáneamente, sin necesidad de horarios de entrenamiento.
“Antes jugábamos a la pilladita, a las escondidas, sin tener que tener un horario. Era algo que teníamos incorporado”, recordó.
Sin embargo, aclaró que la actividad física no debe limitarse a una práctica deportiva organizada.
También es importante observar cuánto tiempo se permanece sentado durante el trabajo, qué posturas se adoptan y qué oportunidades existen para interrumpir los períodos prolongados de inactividad.
En ese marco, destacó la importancia de la higiene postural, entendida como el conjunto de hábitos que ayudan a adoptar posiciones adecuadas y reducir sobrecargas durante las actividades diarias.
González también vinculó el movimiento con una mirada integral del bienestar, que incluya la alimentación, el descanso y la hidratación.
Desde su experiencia con herramientas de atención plena o mindfulness, explicó que resulta necesario prestar atención a las necesidades del cuerpo y a los hábitos que muchas veces pasan inadvertidos.
“Es cómo me alimento, cómo descanso, cuánto tiempo al día estoy sentada, cuántas caminatas le puedo poner a mi cuerpo esta semana”, enumeró.
Para la profesional, el problema aparece cuando las exigencias laborales y personales hacen que estas cuestiones queden relegadas.
“Hay veces que uno sí los hace hábito y hay veces que la rutina nos pasa por encima. Realmente no somos conscientes de cuánto tiempo le hemos dedicado a nuestro cuerpo”, reflexionó.
Qué puede aportar la kinesiología para prevenir dolores y mejorar la movilidad
Uno de los interrogantes centrales de la entrevista estuvo relacionado con la cantidad de movimiento que una persona necesita diariamente para cuidar su salud.
Ante la consulta de Julieta Escontrela, González explicó que, si bien existen recomendaciones generales sobre actividad física, es importante que cada persona encuentre una manera posible y sostenible de incorporarla a su rutina.
“Uno puede hacer una caminata de una hora, como dicen por ahí los libros, pero no siempre es tan automático ni tan teórico”, señaló.
En ese sentido, sostuvo que el objetivo inicial debe ser recuperar el hábito de moverse, incluso mediante actividades sencillas.
“El movimiento es una necesidad fisiológica que tenemos nosotros”, remarcó.
La especialista insistió en que no todas las personas disfrutan de las mismas actividades y que obligarse a realizar ejercicios que generan rechazo puede dificultar la continuidad.
Por eso, recomendó buscar alternativas que permitan mantener una relación más natural con el movimiento.
También explicó que la inactividad prolongada puede asociarse con distintas alteraciones físicas.
Entre las consecuencias que mencionó se encuentran la debilidad muscular, la pérdida de resistencia, las molestias musculares, las alteraciones posturales y la disminución de la movilidad articular.
Además, advirtió que permanecer inactivo durante períodos prolongados puede repercutir en la condición cardiovascular y respiratoria.
Frente a estas situaciones, destacó el papel de la kinesiología como una herramienta tanto de tratamiento como de prevención.
Según explicó, los profesionales pueden trabajar para disminuir molestias, mejorar la movilidad y recuperar la capacidad funcional de las articulaciones y los músculos.
“Desde la kinesiología podemos brindar herramientas para disminuir dolencias y aumentar el rango óptimo de movimiento, para que la articulación no quede tan estática”, sostuvo.
No obstante, consideró que uno de los principales desafíos es evitar que las personas comiencen a prestar atención a su cuerpo únicamente cuando aparece alguna molestia.
“La idea es no hacer el movimiento cuando ya duele algo, sino trabajar previamente”, destacó.
De esta manera, González puso el foco en la prevención y en la necesidad de incorporar hábitos saludables antes de que aparezcan dificultades físicas.
La entrevista dejó una reflexión sobre el modo en que las personas organizan su vida cotidiana y la importancia de encontrar pequeños espacios para mantenerse activas.
Aunque las recomendaciones generales de salud pública establecen objetivos semanales de actividad física, el planteo de la kinesióloga estuvo centrado en que el movimiento resulte accesible y pueda integrarse progresivamente a las posibilidades de cada persona.
Caminar, cambiar de postura, interrumpir los períodos prolongados sentado y dedicar tiempo a la movilidad corporal son algunas alternativas que pueden ayudar a reducir el sedentarismo.
En definitiva, la especialista sostuvo que cuidar el cuerpo no debería convertirse en una exigencia difícil de cumplir, sino en una práctica cotidiana vinculada con el bienestar y la calidad de vida.






