La ciencia santiagueña quedó involucrada en una historia que conecta a Santiago del Estero con Dubái y algunas de las colecciones de arte más importantes del mundo. Investigadores del INBIONATEC analizaron muestras de pigmentos correspondientes a cuatro obras que deben ser autenticadas y, entre ellas, hay dos cuadros atribuidos a Pablo Picasso.
El dato fue revelado por Claudio Borsarelli, director del Instituto de Bionanotecnología del NOA (INBIONATEC), de doble dependencia entre la Universidad Nacional de Santiago del Estero (UNSE) y el CONICET, durante una entrevista con A Primera Hora por Radio LV11.
Pero hubo algo todavía más llamativo. Los primeros análisis realizados en Santiago detectaron que una de las cuatro muestras contiene pintura acrílica, una característica que despertó sospechas sobre la autenticidad de una de las obras.
“Preliminarmente, de los cuatro cuadros habría uno que es falso, porque tiene pintura acrílica”, explicó Borsarelli, aunque aclaró que, debido a los compromisos de confidencialidad existentes, no puede determinar públicamente a cuál de las obras corresponde.
De Dubái a un laboratorio de Santiago del Estero
La historia comenzó con la llegada a Argentina de la doctora Mariana Turquio, profesional especializada en arte y certificación de obras que desde hace aproximadamente 14 años reside en Dubái.
Según explicó Borsarelli en LV11, la profesional trabaja vinculada a un museo privado y tiene entre sus tareas determinar la autenticidad de las piezas que pasan por esa colección para su adquisición, comercialización o posterior traslado a otros museos.
Turquio se encontraba visitando familiares en Argentina y contactó al instituto santiagueño porque necesitaba utilizar un equipamiento denominado espectrómetro Raman.
La especialista no trasladó los cuadros hasta Santiago. Lo que llegaron al laboratorio fueron cantidades minúsculas de pigmentos obtenidas de las obras, incluso mediante hisopos impregnados con pequeñas películas del material.
“Dos de las obras son cuadros de Picasso”, confirmó Borsarelli.
De esta manera, como resumieron durante la entrevista, micropartículas de pigmentos pertenecientes a obras atribuidas al artista español fueron estudiadas en Santiago del Estero.
La tecnología que puede revelar una falsificación
El INBIONATEC cuenta desde hace aproximadamente cinco años con tecnología de espectroscopía Raman, una técnica capaz de identificar moléculas mediante la utilización de luz láser.
Borsarelli explicó de manera gráfica que la respuesta obtenida funciona prácticamente como una “huella digital” de cada molécula.
El láser interactúa con el material y genera un espectro particular. Posteriormente, esa información puede compararse con bases de datos que contienen las características de pigmentos utilizados históricamente por distintos artistas.
Esto permite establecer, por ejemplo, si los materiales encontrados corresponden con la época en la que supuestamente fue realizada una pintura.
Y allí apareció el dato que llamó la atención de los investigadores santiagueños.
“El equipamiento nos dio las señales, los picos característicos de un pigmento acrílico”, explicó el científico.
La información obtenida en Santiago será posteriormente contrastada por Turquio con su software especializado y con los antecedentes históricos de cada pieza para completar la certificación.
Por qué las muestras llegaron a Santiago
Detrás de la llegada de los pigmentos existe otra particularidad. Borsarelli contó que la profesional utilizaba equipamiento disponible en Emiratos Árabes, pero que el conflicto bélico en Medio Oriente afectó la infraestructura de algunos laboratorios.
Aprovechando su viaje a Argentina, decidió buscar una alternativa para avanzar con los estudios y terminó recurriendo al equipamiento disponible en el INBIONATEC.
La experiencia dejó además abierta la posibilidad de futuras colaboraciones.
“Ha quedado admirada de las capacidades de nuestro instituto, del personal. Vino un jueves al mediodía y el viernes a las tres de la tarde había terminado de hacer todo”, relató Borsarelli.
Según indicó, la especialista manifestó su intención de continuar enviando muestras y trabajando con el instituto santiagueño.
Borsarelli advirtió por la situación de la ciencia argentina
La entrevista también permitió al director del INBIONATEC exponer las dificultades que atraviesa actualmente el sistema científico y tecnológico.
Borsarelli explicó que solamente el equipo utilizado para estos estudios tiene un valor aproximado de 200.000 dólares y necesita mantenimiento especializado. A modo de ejemplo, señaló que reemplazar uno de sus láseres tiene un presupuesto cercano a 23.000 euros, mientras que una intervención de servicio técnico puede rondar los 8.000 dólares.
El instituto cumplió recientemente 10 años desde su creación y, según detalló su director, logró incorporar durante ese período equipamiento por un valor cercano a 1,5 millones de dólares.
Además, cuenta con más de 150 artículos publicados en revistas científicas internacionales y desarrolla trabajos vinculados con empresas, organismos públicos y otras instituciones.
Sin embargo, Borsarelli sostuvo que las restricciones presupuestarias están obligando a los propios científicos a dedicar tiempo y recursos a sostener una infraestructura que necesita mantenimiento permanente.
“Yo pierdo más tiempo buscando cómo arreglar y cambiar un cuerito de una canilla en el instituto que haciendo ciencia”, graficó.
“Estamos regalando capital humano”
Sobre el final de la conversación en LV11, Borsarelli puso especial énfasis en otro problema: la salida de jóvenes profesionales argentinos hacia otros países ante la falta de perspectivas dentro del sistema científico nacional.
“La gente joven no tiene horizonte. Los buenos profesionales jóvenes que tienen más posibilidades están yendo. Estamos regalando capital humano”, advirtió.
Para el investigador, Argentina continúa produciendo ciencia competitiva internacionalmente pese a trabajar con recursos considerablemente menores que otros países.
Por eso consideró necesario preservar no solamente el equipamiento y la infraestructura construidos durante años, sino fundamentalmente a los profesionales formados en el país.
Mientras ese debate continúa, la particular historia de las muestras llegadas desde Dubái dejó una demostración concreta de esas capacidades: un laboratorio de Santiago del Estero fue elegido para aportar tecnología y conocimiento a la autenticación de obras de arte de alcance internacional.






