Después de kilómetros de caminata, frío, lluvia y cansancio, los peregrinos finalmente llegaron a Villa Mailín para renovar su devoción al Señor de los Milagros. Ana María Figueroa, coordinadora de uno de los grupos, dialogó este sábado con “De mañana y sin apuro”, por Radio LV11, y relató cómo fueron las últimas horas de un camino atravesado por el sacrificio, pero fundamentalmente por la fe.
Cuando salió al aire, los peregrinos ya habían llegado al pueblo, participado de la celebración religiosa y comenzaban el regreso.
Figueroa contó que los últimos dos días fueron especialmente difíciles debido a las bajas temperaturas y las precipitaciones.
“Ha sido muy fuerte el frío y la lluvia, y la entrada ha sido realmente un calvario. Pero la gente ha llegado bien”, relató.
El grupo había partido alrededor de las 2.30 desde Lugones y arribó a Mailín cerca de las 7 de la mañana, justo para participar de la primera misa.
“Llegamos en plena lluvia. La gente estaba remojada y sin ver la hora de que terminara la misa para poder cambiarse de ropa. Pero ha estado hermoso, fabuloso”, recordó.
“Nadie se queja”
Para quienes realizan cada año este camino, explicó Figueroa, las dificultades climáticas forman parte de la experiencia.
Algunas peregrinaciones estuvieron atravesadas por el frío y la lluvia; otras, por jornadas de intenso calor. Sin embargo, aseguró que el sacrificio adquiere otro significado cuando se realiza desde la fe.
“El caminar es un sacrificio muy grande y es el sacrificio que hacemos los cristianos. Nadie se queja; al contrario, todo eso nos llena de felicidad”, expresó.
Para la coordinadora, explicar lo que siente una persona durante esos kilómetros no resulta sencillo.
“No tiene explicación la fe, la esperanza que llevamos. A cada paso se siente el amor de Dios. Lo vivido es impresionante y todo es por amor al Crucificado”, afirmó en LV11.
Salud, trabajo y familia: qué llevan los peregrinos hasta Mailín
Durante la entrevista también surgió una pregunta que atraviesa cada peregrinación: ¿qué le pide la gente al Señor de los Milagros?
Figueroa contó que, durante los últimos rosarios, los participantes escriben sus intenciones en pequeños papeles.
Esas peticiones son leídas durante las oraciones sin revelar quién las escribió y, posteriormente, los diferentes grupos las reúnen durante la misa de llegada para realizar un gesto simbólico: son colocadas en un fogón para elevar las intenciones al cielo.
“Piden salud, trabajo, bienestar para su familia. También hay agradecimientos, agradecimiento a la vida y por tener a sus padres”, detalló.
La peregrinación también tuvo para ella un significado profundamente familiar. Contó que realizó el camino acompañada por varios de sus hijos y nietos, entre ellos uno de sus nietos en silla de ruedas.
“La peregrinación es un acto de amor”
Figueroa recordó que esta tradición comenzó hace 52 años y reflexionó sobre el significado que tiene actualmente para quienes participan.
“Hoy la peregrinación es un acto de amor. Nosotros salimos en una acción de amor, de fe, de ganas de mostrar lo que sentimos, que es el amor a Cristo”, sostuvo.
También destacó que, pese al cansancio, las ampollas, las rodillas doloridas o los tobillos hinchados, muchos peregrinos apenas terminan el recorrido ya comienzan a pensar en regresar al año siguiente.
“El peregrinar es mucho amor, mucha entrega”, resumió.
Y recordó cómo, cuando era niña, observaba a los peregrinos sin comprender por qué elegían caminar tantos kilómetros cuando podían trasladarse en colectivo.
Con los años encontró su propia respuesta.
“Una cosa es ir en colectivo y otra es ir caminando, rezando, reflexionando y preguntándose: ‘¿A qué he venido aquí?, ¿por qué vengo?’ Eso pasa continuamente por la cabeza del peregrino”, relató.
Un trabajo que continúa durante todo el año
La coordinadora destacó además que la peregrinación no comienza únicamente cuando el grupo se pone en camino hacia Mailín.
Existe detrás un trabajo sostenido durante el año entre coordinadores, servidores y miembros de la comunidad religiosa, que incluye encuentros, preparación y acompañamiento.
Figueroa explicó que pertenecen a la parroquia de Mailín ubicada en la ciudad Capital, frente al Arco, y que allí mantienen sus actividades.
Según indicó, las reuniones comienzan a partir de mediados de febrero y se realizan los lunes, después de misa, alrededor de las 21 horas, para quienes deseen acercarse y sumarse.
Después de otro camino cumplido, la despedida de Ana María Figueroa en “De mañana y sin apuro” sintetizó el espíritu con el que cientos de fieles vuelven una y otra vez a peregrinar:
“Siempre en camino, con la gracia de Dios”.






