Cada 5 de noviembre se conmemora el Día Internacional de las Personas Cuidadoras, una jornada dedicada a reconocer a quienes acompañan y asisten diariamente a personas mayores, enfermas o con discapacidad. En Argentina, la fecha llega acompañada de una preocupación creciente: el envejecimiento de la población está aumentando la necesidad de cuidados, mientras muchas familias enfrentan dificultades económicas y organizativas para sostener esa responsabilidad.
En este contexto, especialistas de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) advirtieron que la demanda de asistencia continuará creciendo durante los próximos años y que los hogares difícilmente podrán responder por sí solos a las nuevas necesidades.
Sebastián Fridman, coordinador general del área de Personas Mayores de AMIA, y Vanesa Epstein, coordinadora del Curso de Asistentes Gerontológicos Domiciliarios e Institucionales, analizaron esta situación en diálogo con Infobae.
Los referentes explicaron que el aumento de la expectativa de vida representa un avance importante, pero también obliga a repensar cómo se organiza el acompañamiento de quienes presentan distintos grados de dependencia.
“Nos encontramos ante un escenario de acelerado envejecimiento poblacional que incrementa sostenidamente la demanda de cuidados”, señalaron.
Según los datos compartidos por la institución, Argentina cuenta con aproximadamente siete millones de personas mayores de 60 años, que representan alrededor del 16% de la población.
De ese universo, cerca del 10% necesita ayuda para realizar alguna actividad cotidiana, una proporción que aumenta considerablemente entre quienes superan los 80 años.
Las familias asumen la mayor parte de los cuidados y enfrentan un fuerte desgaste
Una de las principales preocupaciones está relacionada con la distribución de las tareas de asistencia.
De acuerdo con los especialistas, más del 80% de los cuidados domiciliarios son asumidos por integrantes de la propia familia, que muchas veces deben reorganizar sus actividades laborales, personales y económicas para acompañar a sus seres queridos.
Las necesidades pueden incluir acciones básicas como alimentarse, vestirse, higienizarse o desplazarse, pero también otras tareas vinculadas con la administración de medicamentos, la realización de trámites médicos y las compras.
A medida que aumenta la dependencia, las responsabilidades suelen volverse más complejas.
Los especialistas advirtieron que esta situación puede provocar agotamiento físico, estrés emocional y conflictos familiares, especialmente cuando no existen recursos suficientes para contratar asistencia profesional.
Otro obstáculo frecuente es la falta de información sobre cómo organizar los cuidados después de recibir un diagnóstico médico.
En muchos casos, los familiares deben coordinar consultas, tratamientos y acompañamiento sin contar con orientación especializada.
Desde AMIA explicaron que la ausencia de un profesional que articule las distintas necesidades puede generar una sobrecarga adicional.
La problemática también se refleja a nivel regional.
Según estimaciones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) citadas por la institución, alrededor de ocho millones de personas mayores presentan dependencia funcional en América Latina y el Caribe.
Para 2050, esa cifra podría superar los 27 millones, lo que implicaría un crecimiento considerable de la demanda de servicios de atención.
Ante este panorama, los especialistas consideran necesario ampliar las alternativas de asistencia y fortalecer los mecanismos de acompañamiento a las familias.
La importancia de formar cuidadores y respetar la autonomía de las personas mayores
La capacitación profesional aparece como una herramienta fundamental para responder a las nuevas necesidades.
AMIA desarrolla desde hace 32 años un programa de formación para asistentes gerontológicos, con certificación oficial del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
Desde la institución destacaron que el trabajo de cuidado requiere conocimientos técnicos, pero también sensibilidad, empatía y respeto por las decisiones de cada persona.
“Buscamos que los asistentes aprendan a vincularse con cada persona de manera personalizada, potenciando su independencia y autonomía”, explicaron los coordinadores.
La preparación incluye herramientas para acompañar tratamientos médicos, identificar señales de alarma y actuar adecuadamente ante situaciones de emergencia.
Sin embargo, los especialistas remarcaron que uno de los mayores desafíos consiste en superar los prejuicios sobre la vejez.
Considerar que una persona mayor no puede tomar decisiones, aprender nuevas actividades o mantener cierta independencia puede derivar en prácticas sobreprotectoras que terminan limitando su autonomía.
Por eso, desde AMIA promueven un modelo de atención centrado en la persona, que tenga en cuenta su historia, sus intereses y sus preferencias.
En cuanto a las alternativas disponibles, la institución explicó que el cuidado domiciliario permite preservar los vínculos y las rutinas habituales, aunque exige una mayor coordinación de recursos.
Las residencias, por su parte, suelen contar con equipos interdisciplinarios e infraestructura preparada para atender necesidades más complejas.
La elección debe realizarse de acuerdo con la situación particular de cada persona y contemplar su participación en las decisiones.
Para acompañar a las familias, AMIA cuenta con Camino Compartido, un programa gratuito que ofrece información, orientación y espacios de contención.
También dispone de CuidAMIA, una plataforma de intermediación laboral que vincula a familias que necesitan asistencia domiciliaria con personas capacitadas o con experiencia en tareas de cuidado.
Lara Rasch, responsable del servicio, explicó que el programa busca identificar perfiles adecuados según las necesidades de cada hogar, los horarios y las características de la asistencia requerida.
Además de la formación, los referentes señalaron la importancia de mejorar las condiciones laborales de quienes desarrollan estas tareas, ya que suelen enfrentar jornadas extensas, desgaste emocional e incertidumbre sobre la continuidad del empleo.
En el Día Internacional de las Personas Cuidadoras, el desafío no pasa solamente por reconocer a quienes cuidan, sino también por garantizar que puedan hacerlo con capacitación, recursos y acompañamiento.
En una sociedad donde cada vez más personas alcanzan edades avanzadas, fortalecer los sistemas de cuidado será fundamental para proteger tanto a quienes necesitan asistencia como a quienes dedican buena parte de su vida a brindarla.






