Por: Gabriel Alvarez
En cualquier sistema político saludable, los funcionarios operan como protectores del mandatario. Sin embargo, asistimos a una inversión de la lógica institucional: es el presidente Javier Milei quien hoy se desgasta para intentar blindar a un funcionario que la realidad ya ha consumido. Las fotos de pasillo y los gestos de apoyo antes de cada viaje son gestos estériles ante una situación que, políticamente, ya es "irremontable".
Más allá de la danza de cifras sobre refacciones y propiedades, lo que verdaderamente indigna es la falta de documentación alarmante. En un país con la recaudación en caída libre y una presión fiscal asfixiante sobre el privado, resulta inaceptable que un funcionario de alto rango pretenda justificar gastos suntuosos sin facturas. Esta ambigüedad gubernamental es una falta de respeto para una sociedad que todavía no logra "curarse del espanto" de la corrupción del pasado y que hoy ve cómo el presente se empantana en un nuevo sainete ético.
Mientras el Gobierno se obsesiona con el destino de un solo hombre, la Argentina real padece una parálisis de gestión. El ciudadano que apostó por un cambio hoy enfrenta una realidad brutal: gastos fijos que devoran los ingresos y un miedo latente a la pérdida del empleo. Esta distracción oficial está generando un vacío tan peligroso que figuras de la izquierda radical, que no creen en la propiedad privada, empiezan a emerger como referentes en las encuestas ante el desconcierto general. Estamos perdiendo un tiempo bendito en discusiones sobre la vida privada de un ministro mientras el país requiere soluciones urgentes.
El Gobierno debe entender que no tiene el capital político para seguir "sosteniendo la vela" de un funcionario bajo sospecha de corrupción. La solución es institucional y sencilla: una licencia inmediata. Si la justicia eventualmente demuestra una conducta "angelical", Adorni podrá retornar; pero hoy, con un 74% de rechazo social, su permanencia solo logra dañar la credibilidad del Presidente. Es momento de soltar el fusible antes de que el cortocircuito afecte a toda la estructura nacional.






