El Gobierno nacional avanza en las negociaciones con Estados Unidos para implementar un programa destinado a reemplazar progresivamente el equipamiento de firmas chinas, como Huawei, utilizado en las redes informáticas estatales. La iniciativa contempla una subvención del Departamento de Estado de hasta US$13.912.185 a lo largo de 36 meses. El proyecto busca auditar la infraestructura pública, confeccionar inventarios de equipos considerados sensibles y poner en marcha un centro civil centralizado de operaciones de ciberseguridad dentro del Centro Nacional de Ciberseguridad.
Ciberseguridad y financiamiento bilateral
El plan establece una primera etapa enfocada en el relevamiento de redes, sistemas y centros de datos de la administración pública para identificar proveedores no considerados confiables por Washington. El programa asigna cerca de US$5 millones al diseño de la arquitectura tecnológica, además de partidas para capacitación de ingenieros argentinos. No obstante, las autoridades precisaron que la adquisición del nuevo hardware, licencias y costos operativos del centro deberán ser solventados por la Argentina, limitando el aporte norteamericano a componentes puntuales.
En paralelo, las discusiones de ciberseguridad se extendieron al ámbito de la defensa, donde equipos de las Fuerzas Armadas participaron de ejercicios de entrenamiento en territorio estadounidense. Por su parte, la empresa estatal ARSAT mantiene de forma independiente un proceso licitatorio internacional por US$49 millones, financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo, para la modernización y ampliación de su red óptica y de transmisión de datos.
Cruce diplomático entre Washington y Beijing
La medida profundiza la controversia geopolítica en torno a la infraestructura estratégica del país. Tras las advertencias del embajador estadounidense Peter Lamelas sobre los presuntos riesgos de ciberseguridad asociados a proveedores asiáticos, la Embajada de China en Buenos Aires emitió un comunicado en el que rechazó las acusaciones. La representación diplomática china atribuyó las presiones a una "mentalidad de Guerra Fría" y cuestionó la injerencia externa en la selección de proveedores tecnológicos.






