El Gran Premio de Austria de la Fórmula 1 comenzó con la peor de las postales para el automovilismo nacional. El piloto argentino Franco Colapinto, a los mandos de su monoplaza del equipo Alpine, sufrió un insólito e inesperado inconveniente en los instantes previos al apagado de los semáforos, una situación que no solo arruinó por completo su estrategia de largada en el circuito de Red Bull Ring, sino que además provocó un visceral ataque de furia por radio.
Fallas en la grilla y tensión en el circuito radial
El bonaerense, que venía de clasificar en la decimosexta posición tras una jornada de sábado compleja, reportó fallas críticas en los sistemas de automatización de salida mientras se acomodaba en su cajón de la grilla. "¡No funciona, el procedimiento está bloqueado!", exclamó el joven piloto en medio de insultos y marcados signos de frustración al notar que el embrague y el limitador no respondían según los parámetros ensayados durante los entrenamientos libres.
La desesperación del piloto argentino radicaba en que el relanzamiento o una partida defectuosa en un trazado tan veloz y con zonas de DRS tan marcadas como el de Spielberg significa, prácticamente, ceder cualquier posibilidad de luchar por la zona de puntos desde el fondo del pelotón.
La respuesta de Alpine y el análisis de la escudería
Desde el muro de boxes de la escudería francesa, los ingenieros intentaron calmar las aguas de inmediato mediante instrucciones técnicas precisas para resetear los comandos del volante, aunque el daño en el posicionamiento inicial ya era un hecho consumado.
"Entendemos la frustración de Franco, son momentos de pulsaciones muy altas, pero el coche experimentó un fallo en el mapeo electrónico que deberemos auditar profundamente al cierre del fin de semana", explicaron voceros de la estructura de Alpine ante la trascendencia pública del tenso cruce radial, minimizando el exabrupto del piloto y focalizándose en revertir el panorama adverso en pista.






