Crujirse los dedos es un hábito cotidiano para muchas personas. Puede aparecer mientras trabajan, estudian o simplemente como una costumbre para liberar tensión. Pero detrás de ese conocido “crack” persiste una duda que atraviesa generaciones: ¿hacerlo daña las articulaciones o provoca artrosis?
La explicación es menos alarmante de lo que suele creerse. El sonido no significa que dos huesos estén chocando entre sí ni que una articulación se haya salido de lugar.
Ryan Richards, cirujano de mano de Banner Health, explica que para algunas personas se trata simplemente de un hábito asociado con la relajación o el alivio momentáneo del estrés.
Pero ¿de dónde sale entonces ese ruido?
Qué ocurre cuando te crujís los dedos
Las articulaciones contienen líquido sinovial, cuya función es contribuir a lubricarlas y facilitar su movimiento.
Cuando una articulación se estira rápidamente, se producen cambios de presión en su interior relacionados con los gases disueltos en ese líquido. Ese fenómeno, conocido como cavitación, está detrás del característico chasquido.
Richards lo compara con lo que sucede al separar una ventosa de una superficie: llega un punto en el que se produce una liberación repentina acompañada por un sonido.
Después de hacer crujir un nudillo, además, normalmente no puede repetirse inmediatamente el mismo sonido. Debe transcurrir un tiempo hasta que las condiciones dentro de la articulación vuelvan a permitirlo.
¿Crujirse los dedos causa artrosis?
Es probablemente el mito más extendido alrededor de este hábito.
Según la evidencia citada, no se ha demostrado que crujirse habitualmente los nudillos provoque artrosis.
Un estudio publicado en The Journal of the American Board of Family Medicine, que evaluó a más de 200 adultos mayores, no encontró una asociación entre el hábito de crujirse los nudillos y la presencia de artrosis en las manos.
Esto no significa que cualquier manipulación de las articulaciones sea inocua. Realizar movimientos demasiado bruscos, agresivos o que provoquen dolor podría irritar los tejidos que rodean la articulación.
Por eso, la ausencia de una relación demostrada con la artrosis no debería interpretarse como una invitación a forzar los dedos o cualquier otra articulación.
Cuándo el crujido merece una consulta
El sonido aislado y sin dolor generalmente no representa por sí mismo una señal de enfermedad. Lo importante es prestar atención a los síntomas que lo acompañan.
Conviene realizar una consulta profesional cuando aparece dolor persistente, hinchazón, enrojecimiento, pérdida de movilidad, rigidez o dificultades para agarrar objetos.
También merece evaluación si un dedo se traba al flexionarlo o extenderlo y luego se libera bruscamente, ya que puede relacionarse con afecciones como el denominado “dedo en gatillo”.
Ante estos síntomas, un profesional puede realizar el examen correspondiente y determinar si son necesarios otros estudios.
En definitiva, el ruido por sí solo dice poco sobre el estado de una articulación. Para preservar la salud articular resultan más importantes factores como mantenerse activo, fortalecer la musculatura, evitar movimientos que produzcan dolor y consultar cuando aparecen molestias persistentes.
Así que aquel viejo reto después de hacer “crack” con los nudillos merece una aclaración: la evidencia disponible no demuestra que crujirse los dedos sea una causa de artrosis.






