En menos de cinco años, la humanidad se despedirá de la estructura más compleja jamás construida en el espacio. El plan es ambicioso: entre fines de 2030 y principios de 2031, la ISS —del tamaño de un campo de fútbol— será dirigida hacia el "Punto Nemo", la zona más remota del océano Pacífico, en una maniobra de reingreso controlado que cerrará tres décadas de investigación en microgravedad.
La ingeniería del adiós
La hoja de ruta técnica de la NASA, que contará con la colaboración de SpaceX, se ejecutará en fases:
2028-2029: La estación perderá altura de forma gradual mediante fricción atmosférica y maniobras del segmento ruso.
2029: Se lanzará el Vehículo de Desorbitación Estadounidense (USDV), que se acoplará a la estructura. Equipado con 46 propulsores Draco, este vehículo será el encargado de empujar a la estación hacia su destino final, garantizando que el reingreso atmosférico ocurra en un área deshabitada.
Voces críticas: el "vacío legal" del océano
Si bien la NASA defiende la medida como un paso necesario para avanzar hacia plataformas comerciales, organizaciones como The Ocean Foundation han cuestionado la falta de estudios de impacto. Mark Spalding, presidente de la entidad, advierte: "Sabemos que no todo se quema al reingresar. Los componentes más densos sobrevivirán y llegarán al fondo marino".
La preocupación no es solo material, sino también jurídica. Un informe de la Oficina de Responsabilidad Gubernamental (GAO) de EE.UU. subraya la existencia de una "brecha preocupante" en el derecho internacional:
Responsabilidad limitada: El Convenio de 1972 cubre daños en tierra, pero no establece obligaciones de remediación ambiental en alta mar.
El desafío del BBNJ: Expertos reclaman que se aplique el nuevo Acuerdo BBNJ de la ONU, que exige evaluaciones de impacto para actividades con efectos inciertos en el medio marino, algo que, según argumentan, debería activarse ante una maniobra de esta magnitud histórica.
El debate sobre el destino de la ISS trasciende la astronáutica; pone en evidencia la urgencia de actualizar el marco normativo global para proteger los océanos, considerados bienes comunes de la humanidad.
Un legado que trasciende el espacio
Durante 30 años, la ISS albergó a más de 265 personas de 20 países, permitiendo avances cruciales en medicina, biología y observación climática. Aunque su desorbitación marca el fin de una era, la NASA sostiene que este paso es indispensable para que la humanidad continúe explorando el sistema solar. Sin embargo, el caso del Punto Nemo quedará como un precedente clave: ¿qué responsabilidad tienen las agencias espaciales sobre los escombros que depositan en las profundidades oceánicas? El equilibrio entre el progreso científico y la preservación ecológica será, sin duda, el mayor desafío de la próxima década espacial.






