Un objeto cotidiano que se convirtió en una herramienta de supervivencia histórica sale a subasta este miércoles en Nueva York. Se trata del rotulador Duro Rocket que Buzz Aldrin utilizó en julio de 1969 para reparar un disyuntor vital del módulo lunar del Apolo 11, un acto que permitió a él y a Neil Armstrong abandonar la superficie lunar y regresar a casa.
El incidente que pudo ser fatal
Tras el primer paseo lunar, los astronautas descubrieron con horror que el interruptor necesario para activar el motor de ascenso se había roto, posiblemente tras ser golpeado por la pesada mochila de Aldrin. El Control de Misión en Houston les informó que no había forma de redirigir la energía, dejando la situación en manos de los astronautas.
Aldrin, recordando que tenía un rotulador negro en su equipo personal, decidió usarlo como improvisada palanca para activar el circuito. "Presioné con cuidado el bolígrafo contra el interruptor... El bolígrafo funcionó; el interruptor de circuito aguantó", relató Aldrin en su autobiografía No Dream Is Too High.
Una pieza de colección única
El lote que Sotheby's pondrá a disposición incluye:
El rotulador Duro Rocket de plástico plateado, con las marcas de su uso heroico.
El trozo roto del interruptor automático original.
La casa de subastas estima que el conjunto podría alcanzar un valor de entre 800.000 y 1,2 millones de dólares. Ambos objetos forman parte de la colección personal del astronauta, quien hoy tiene 96 años y es uno de los pocos sobrevivientes que caminaron sobre la Luna.
De la Luna a Marte
Más allá de su valor histórico, esta subasta pone nuevamente en foco la era Apolo, mientras la NASA y otras agencias espaciales como las de China planean nuevos alunizajes tripulados para el final de esta década. Aldrin, no obstante, ha mantenido una visión a largo plazo, instando a las potencias mundiales a dejar de lado la carrera lunar para enfocar sus recursos en el próximo gran desafío de la humanidad: establecer una presencia humana en Marte.
La venta de estos objetos no solo marca el cierre de un capítulo personal para Aldrin, sino que ofrece a un coleccionista la oportunidad de poseer una pieza clave de uno de los momentos más críticos y memorables de la historia de la exploración espacial.






