La política argentina ha ingresado en una fase de desconexión total. Mientras la realidad exige respuestas urgentes, los tres sectores que pujan por el poder parecen haber redactado sus propios guiones de ficción, ignorando que, afuera del despacho, el país sigue esperando.
El oficialismo: la muerte del fusible
Lo que antes era pragmatismo político hoy es un blindaje emocional. La figura del ministro como pieza de recambio ha desaparecido para darle lugar a una lealtad que roza lo místico. Un Javier Milei desencajado defiende a su círculo íntimo con una frase que debería encender todas las alarmas: "prefiero perder una elección a perderlo a Manuel".
Es la primera vez en nuestra historia que un colaborador, tradicionalmente el eslabón más débil, se convierte en el eje central de la supervivencia presidencial. Cuando un gobierno decide que el nombre propio está por encima del proyecto, el eje de la gestión se desplaza hacia el abismo.
El PRO: exigencias sin autocrítica
El reciente manifiesto del PRO es un monumento a la memoria selectiva. Es innegable el maltrato y el destrato que han sufrido por parte de un gobierno al que ayudaron a sostener, pero sus reclamos de eficiencia suenan huecos.
Dice el texto que "acompañar el cambio no es aplaudir todo", y tienen razón. Sin embargo, exigen hoy lo que ellos mismos no pudieron gestionar: rutas, hospitales y estabilidad económica. Olvidan que fueron el único gobierno que no logró la reelección, víctima de un gradualismo fallido y una inflación que nunca pudieron domar. Pedir sacrificios ajenos cuando no se pudo con los propios es, cuanto menos, un ejercicio de cinismo político.
El kirchnerismo: la nostalgia del títere
El kirchnerismo, por su parte, ha decidido que su mejor futuro es copiar su peor pasado. Las declaraciones de Teresa García avalando la búsqueda de un "nuevo Cámpora" para el 2027 son una confesión de parte: el proyecto no es el país, es la impunidad de CFK.
Buscan someter a cualquier candidato —especialmente a un Axel Kicillof que intenta emanciparse— para que acepte el esquema de "Cámpora al gobierno, Perón al poder". La prioridad no es un plan económico, sino que el próximo presidente sea un gestor de la libertad de su jefa política. Quieren repetir el experimento de Alberto Fernández, priorizando el relato por sobre una realidad que ya les dio la espalda en las urnas.
En conclusión: los tres jinetes del desencuentro
El escenario hacia el 2027 es desolador por un gobierno nervioso que prefiere el aislamiento antes que entregar a sus protegidos, una oposición aliada que exige resultados olvidando sus propios fracasos y un kirchnerismo delirante que solo sabe construir candidaturas de rodillas.
Es una falta de respeto decir que no están pensando en las elecciones. Están todos desesperados, mientras el país queda atrapado entre la soberbia de unos y la nostalgia de otros.






