El conocimiento científico local se puso al servicio de la comunidad a través de la Radio de los Santiagueños. En una charla sumamente enriquecedora, la Dra. Yanina Bustos explicó de qué manera la alimentación actúa como el principal regulador de la microbiota intestinal, definida técnicamente como la inmensa comunidad de microbios que recubre nuestro tracto digestivo de manera simbiótica y cuya cantidad de bacterias supera en número a las propias células humanas.
“La vida tal cual la conocemos no sería posible si no existiéramos en simbiosis con estos microbios”, detalló la especialista y docente de la Universidad Nacional de Santiago del Estero (UNSE). Bustos precisó que la microbiota interviene de forma directa en la digestión, genera vitaminas que el cuerpo no puede sintetizar y, gracias al eje intestino-cerebro, se conecta de manera bidireccional con el sistema nervioso central: "Las bacterias metabolizan compuestos que, por vía nerviosa o sanguínea, llegan al cerebro y modulan nuestra conducta, humor y salud mental".
Alimentación rica en fibras y el valor de los productos regionales
Frente al avance de enfermedades inflamatorias crónicas como la diabetes, la obesidad, el colon irritable o las alergias, la investigadora del Conicet remarcó que la estrategia fundamental para recuperar la riqueza microbiana consiste en adoptar una dieta variada, sana y rica en fibras.
Al respecto, la doctora sugirió incorporar de manera cotidiana:
Legumbres: Excelentes fuentes de proteínas y fibras, además de ser una opción sumamente económica.
Granos e integrales: Harinas integrales, salvado y semillas sin excesivo procesamiento industrial.
Vegetales y frutas frescas: Aportes naturales indispensables que superan los nutrientes de cualquier galleta procesada.
Leche de cabra: La científica ponderó especialmente la producción regional santiagueña, señalando que la leche de cabra posee un perfil nutricional superior a la de vaca, con menor concentración de lactosa y mejor digestibilidad.
Desinformación en redes, ultraprocesados y mitos de los probióticos
Al evaluar el impacto de las dietas occidentales basadas en productos ultraprocesados y delivery, la invitada advirtió que estos hábitos empobrecen la diversidad bacteriana y seleccionan microorganismos vinculados a procesos inflamatorios. En este punto, lanzó una fuerte advertencia sobre la moda de la suplementación y las falsas publicidades de las plataformas digitales: "Nos han hecho creer que la única forma de incorporar nutrientes es mediante suplementos porque la comida no alcanza, lo cual es una paranoia absoluta".
Asimismo, la Dra. Bustos aclaró un error científico muy común en las góndolas y farmacias sobre los denominados "probióticos naturales". Explicó que alimentos milenarios como el yogur o el kéfir son excelentes leches fermentadas con bacterias vivas benéficas, pero no todo fermentado es un probiótico. "Para recibir la denominación de probiótico, el microorganismo específico debe contar con estudios científicos que avalen su beneficio concreto en la salud. El desarrollo de un probiótico lleva más de 20 años de investigación", argumentó, catalogando como "una falacia absoluta" la existencia de productos comerciales inverosímiles como champús con probióticos, dado que las bacterias mueren ante los detergentes.
Finalmente, la especialista abordó los factores que destruyen la flora intestinal, situando al alcohol en el primer escalón de impacto negativo. Desmitificó el beneficio del vino aclarando que "si interesan los polifenoles antioxidantes, es mejor incorporarlos mediante arándanos, frutos rojos o té, ya que el alcohol nunca es beneficioso". De cara a la temporada invernal, reiteró el peligro de la automedicación con antibióticos para cuadros de gripe o resfríos virales, alertando que estos fármacos barren de manera directa con las bacterias saludables del intestino, requiriendo luego largos períodos de recuperación celular.






