La difusión de videos que muestran a grupos numerosos de adolescentes ingresando de manera descontrolada a fiestas de 15 generó preocupación en Santiago del Estero. Frente a esta situación, Gustavo Garbi, organizador de eventos y responsable del Salón Reina Nadima, de La Banda, habló en A Primera Hora por Radio LV11 y advirtió sobre los riesgos de una modalidad que, según explicó, puede comprometer la seguridad de los invitados y provocar la suspensión de una celebración.
Durante la entrevista, el empresario relató experiencias que vivió en su propio salón, explicó cómo funciona la venta de entradas virtuales para ingresar después de la cena y cuestionó las condiciones de seguridad de algunos espacios utilizados para realizar eventos.
De los invitados de última hora a grupos de más de 100 adolescentes
Garbi explicó que la presencia de jóvenes que intentan ingresar sin estar incluidos en la lista original de invitados no es una novedad.
Según recordó, hace décadas era habitual que un adolescente consiguiera entrar a una fiesta de 15 mediante un amigo o familiar de la cumpleañera.
Sin embargo, señaló que la situación cambió considerablemente.
“Antes eran cuatro, cinco o diez personas las que pasaban”, explicó.
Actualmente, según los videos que se viralizaron y los episodios que describió, pueden reunirse grupos de 100 o 200 adolescentes frente a un establecimiento.
El organizador consideró que las redes sociales hicieron más visible este fenómeno, aunque también advirtió que la cantidad de personas involucradas representa un problema de seguridad.
Entradas virtuales y transferencias: cómo funciona la modalidad
Uno de los aspectos más llamativos de la entrevista fue la explicación sobre una práctica que, según Garbi, comenzó a extenderse entre algunos cumpleaños de 15.
El organizador señaló que ciertas familias contratan fiestas para aproximadamente 80 o 100 invitados, pero después se distribuyen tarjetas virtuales entre otros adolescentes para permitirles ingresar una vez finalizada la cena.
En algunos casos, sostuvo, se solicita una transferencia de dinero a cambio de esa entrada.
“Intentan convertir el cumpleaños de quince en un boliche después de la cena”, afirmó.
Garbi recordó una situación que vivió hace dos años, cuando se enteró de que se habían ofrecido entradas a $6.000 para ingresar a una celebración en su salón.
Según relató, una adolescente que esperaba en la puerta le explicó que había pagado ese monto y que le habían prometido una fiesta con barra libre.
El organizador aclaró que esa modalidad no había sido acordada con el establecimiento.
“Me encontré con más de cien personas en la puerta”
Al describir aquel episodio, Garbi recordó que uno de sus colaboradores le pidió que se acercara al ingreso del salón.
Cuando llegó, encontró a más de cien jóvenes esperando para entrar.
“Me arrimo yo a la puerta y una de las chiquitas que estaba esperando para ingresar me dice: ‘Señor, ¿a qué hora nos van a dejar pasar?’”, relató.
Frente a esa situación, explicó que decidió impedir el ingreso porque no existía una lista autorizada para recibir a semejante cantidad de personas.
Además, solicitó la intervención policial.
Según su testimonio, efectivos de la Regional 2 acudieron al establecimiento y permanecieron en el acceso hasta que los adolescentes se retiraron.
“No se permitió la entrada a nadie”, aseguró.
Garbi señaló que el objetivo fue evitar que la situación derivara en incidentes o en una suspensión anticipada del cumpleaños.
El riesgo del alcohol y las fiestas que pueden terminar antes de tiempo
Otro de los puntos que generó preocupación fue la posibilidad de que adolescentes lleguen a estos eventos después de haber consumido bebidas alcohólicas.
El organizador explicó que algunos jóvenes salen de sus casas varias horas antes de ingresar a las fiestas y pueden realizar reuniones previas.
Advirtió que esta situación puede generar conflictos cuando se intenta incorporar a esos grupos a un evento familiar.
También recordó que los establecimientos deben cumplir con las normas que prohíben suministrar bebidas alcohólicas a menores de edad.
En ese sentido, sostuvo que un incidente puede provocar la intervención de la Policía y de los organismos de control.
“Yo quiero que la fiesta empiece a las 22 horas y termine a las 6 de la mañana. No quiero que la fiesta se termine a las 3 de la mañana”, expresó.
Para Garbi, una suspensión anticipada perjudica especialmente a las familias que realizaron un importante esfuerzo económico para organizar la celebración.
Fiestas en fincas: la preocupación por la falta de controles
Durante la conversación, Garbi también cuestionó las condiciones de seguridad de algunos espacios abiertos y fincas que se alquilan para celebraciones.
Según su experiencia, hay establecimientos donde los propietarios no permanecen durante el evento y el control del ingreso queda a cargo de personal insuficiente.
El organizador relató una situación personal que vivió al acompañar a una de sus hijas a un cumpleaños realizado en un complejo de quinchos y piletas.
“Llegamos a la puerta, me bajé a ver quién estaba, preguntar a qué hora termina. No había nadie en la puerta, un portón abierto”, contó.
Explicó que debió acompañarla hasta el sector donde se desarrollaba la fiesta porque, en ese momento, no encontró a ninguna persona controlando el acceso.
A partir de esa experiencia, planteó la necesidad de revisar las condiciones de habilitación, prevención de incendios y seguridad de los lugares donde se organizan celebraciones.
También cuestionó lo que considera una competencia desigual entre los salones habilitados y algunos espacios que, según denunció, no cumplirían con las mismas exigencias.
La capacidad del salón no es lo mismo que la cantidad de invitados previstos
Garbi explicó que incluso cuando un establecimiento tiene capacidad física para recibir a cientos de personas, eso no significa que esté preparado para incorporar invitados adicionales sin planificación.
Como ejemplo, señaló que el Salón Reina Nadima puede recibir aproximadamente 300 personas sentadas.
Sin embargo, si una fiesta fue organizada para 100 invitados, el personal contratado, la comida, la atención y la logística están previstos para esa cantidad.
Por lo tanto, permitir el ingreso inesperado de otros 150 o 200 jóvenes puede generar dificultades operativas y de seguridad.
“Vos no tenés la capacidad esa noche de personal para atender esa situación”, explicó.
En ese sentido, consideró fundamental que los padres y organizadores acuerden previamente quiénes estarán autorizados a ingresar.
Un llamado de atención antes de las celebraciones de fin de año
Sobre el cierre de la entrevista, Garbi insistió en que la prevención debe comenzar antes de la fiesta y que los responsables del evento necesitan conocer con precisión la cantidad de invitados.
También destacó la importancia de que los lugares cuenten con controles adecuados en sus accesos y condiciones de seguridad acordes con la celebración.
La conversación abrió, además, otro tema vinculado con el sector: los costos de los eventos de fin de año, que serán abordados en una próxima participación del organizador en Radio LV11.
La advertencia central de Gustavo Garbi fue que un cumpleaños de 15 no debe transformarse, sin planificación ni autorización, en una fiesta multitudinaria. Para el organizador, el ingreso masivo de adolescentes puede poner en riesgo tanto la seguridad de los asistentes como la celebración que las familias prepararon durante meses.






