El conjunto nacional se alzó con la medalla dorada al imponerse por 2-1 en el marcador global. El trámite del partido definitivo reflejó una notable paridad táctica: las argentinas se adjudicaron el primer set por un sólido 20-14, pero las europeas reaccionaron en el segundo periodo con un contundente 14-27. La paridad forzó la dramática instancia de shoot-outs (penales de contraataque), donde el elenco sudamericano exhibió mayor precisión y efectividad para imponerse por 6-2.
El plantel comandado técnicamente por Leticia Brunati supo sostener la concentración en el momento de mayor presión del campeonato. En la tanda decisiva, las conversiones de Gisella Bonomi, Lucila Balsas y Zoe Turnes —distinguida como la mejor jugadora del Mundial— resultaron fundamentales para que la delegación nacional consiguiera quebrar la resistencia del arco danés y desatar los festejos en territorio europeo.
Revancha histórica y consolidación del proyecto
Esta consagración representa un hito fundacional para la disciplina en el país y una ansiada revancha deportiva para este proceso. El seleccionado femenino arrastraba el antecedente de haber perdido la final ecuménica anterior frente a Alemania en China, por lo que este resultado valida el desarrollo sostenido del deporte a nivel federativo durante la última década.
El éxito de la delegación en la arena croata fue completo, ya que el seleccionado masculino de beach handball completó el podio al adjudicarse la medalla de bronce en su respectiva categoría. Ambas actuaciones posicionan a la Confederación Argentina de Handball como una de las grandes potencias globales de la especialidad.






