Por Ariel Sequeira
"The economy, stupid", fue el famoso eslogan de la campaña presidencial de Bill Clinton en 1992. “No es la política, es la economía estúpidos”, fue la traducción que nos llegó desde Norteamérica y que es aplicable hoy a la coyuntura libertaria: “No es la economía estúpidos, son los gremios, es el peronismo”.
Cuidado, mucho cuidado al intentar definir la esencia del modelo mileista… Algunos avezados políticos definen al modelo de marras por sus ambiciones o malsanas aspiraciones e inevitablemente erran el diagnóstico, cuando advierten que desde andamiaje libertario se intenta formatear una sociedad del sálvese quien pueda. No, no es ese el objetivo. Una vez más el árbol tapa el bosque. Incomprensible semejante yerro, porque desde la noche misma del ensamble pre balotaje, cuando el propio “Javo”, apuntó sus cañones sobre el kirchnerismo, fue más que esclarecedor: el objetivo siempre fue ir contra el peronismo, como desde el 55, pasado por el 62 (Frondizi), por el 66 (Illia), como en el 76 (Isabel). Y para consumar ese objetivo los cañones debían apuntar a su línea de flotación, a su columna vertebral, a los gremios.
Hundir a la industria, apuntar al corazón de las Pymes, abrir las importaciones no sólo daña a la industria nacional, consecuentemente genera desempleo por la caída del consumo, todo esto atado por la reforma laboral -la peor a nivel de occidente por la pérdida de derechos-, y la debacle del comercio inmerso en una crisis nunca antes vista.
Este quizás sea el mejor ejemplo para dar sustento a esta hipótesis. El gremio de empleados de comercio se gestó a fines del Siglo XIX. Fue esta organización la que le otorgará a Juan Domingo Perón la consideración de ser el “primer trabajador” -como reza la marcha peronista-. Utilizada por primera vez en diciembre de 1943, fue José Domenech (en un acto del sindicato de empleados de comercio) en Rosario. El proceso industrial argentino que se inauguró en la primera presidencia del General Perón, dinamizó de tal manera este sector del trabajo y el desarrollo del país, cuya consecuencia fue el afianzamiento del sector obrero, organizándose en gremios. La oligarquía jamás le perdonaría esto al líder del justicialismo.
Ejemplos, sin ejemplos todo se resume a simples peroratas… Durante la Revolución Argentina encabezada por Juan Carlos Onganía, el Banco Mundial envió a uno de sus empleados a desguazar los ferrocarriles argentinos. Así arribó al país un general de apellido Larkin, militar norteamericano, quien era portador de una ignominiosa oferta: Terminar con los trenes, cerrar las líneas férreas a cambio del establecimiento definitivo de Ford y Chevrolet, para ensamblar para el mundo autos, camiones y colectivos y sus repuestos. El objetivo era terminar con los gremios de La Fraternidad y la Unión Ferroviaria, a la sazón los sindicatos más poderosos. Queda claro que los libertarios no son originales o que al menos siguen recibiendo órdenes emanadas de un origen común e inmutable.
No se puede negar sin embargo, que hoy campea a nivel social, esa manifestación o relación interpersonal del sálvese quien pueda… Pero el objetivo es otro. Para dar base de sustento a esta reiterada expresión, vale detenerse en el conflicto del gobierno nacional con las universidades, cuyos gremios apuntan al talón de Aquiles del poder libertario. La comunidad educativa en su más alto nivel salió a las calles y desestabilizó a Milei, quien urgente se bajó a dialogar y soltar algo de dinero. Lo único que pidió a cambio el presidente de la nación, fue que desactivaran las marchas. Milei no quiere protestas en la vía pública, de ahí que reprima a garrote vil a los viejitos los miércoles en inmediaciones del Congreso de la Nación.
El gobierno nacional pondera y saca a relucir las últimas estadísticas fiscales que muestran que en los cinco primeros meses del año se registró un superávit primario del 0,7 por ciento del PIB y del 0,2 por ciento para el financiero (incluye los pagos por intereses de la deuda). ¿Pero cómo se llega a estos números? Todo es el fruto amargo de la menor actividad y de la baja de alícuotas de impuestos. Dicen los especialistas que los ingresos se redujeron en términos reales un 4,3 por ciento interanual, más que el gasto público, que se contrajo un 2,2 por ciento. Necesariamente con esto se cumple con las metas fiscales del programa con el FMI, pero los costos se siguen acumulando, como lógica consecuencia del ajuste interminable.
Datos oficiales: La Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), desde noviembre de 2023 a marzo de este año, muestra que se cerraron 26.448 empresas, dejando como saldo a unos 314 mil asalariados registrados sin empleo. Lamentablemente aun hay sectores de la sociedad -léase votantes de Milei- que se niegan a comprender que dicha situación no va a cambiar si se siguen aplicando las mismas políticas.
La propia Unión Industrial Argentina (UIA) reconoce que se habría registrado una caída de la actividad del sector del 5 por ciento interanual en mayo, y del 0,8% con relación a abril. Más allá de mejoras puntuales de algún rubro, la tendencia sigue siendo a la baja. Cuál es el talón de Aquiles del modelo: La deuda. El mismo FMI reconoce que el tan mentado superávit fiscal, no sería tal sin la emisión de letras capitalizables, cuyos intereses no pasan por el cuadro de resultados sino que directamente generan nueva deuda. El endeudamiento es otro de los componentes necesarios para que los números cierren. Lamentablemente estos números estarían cerrando con muchos excluidos.
Una vez más la derecha ultraliberal -ayer oligarquía vernácula- viene por el peronismo, le apunta a su columna vertebral, por un mero afán de colonia… Nunca funcionó y no va a funcionar.






