Por Ariel Sequeira
La Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA) y las diferentes cámaras del sector alertaron sobre el cierre de cerca de 500 pymes en el último año. A nadie escapa que la industria textil nacional atraviesa una crisis profunda marcada por una fuerte caída del consumo interno, el cierre de cientos de fábricas y un alto nivel de capacidad ociosa. El tiro de gracia se lo dio la administración de Milei que gobierna el país cuando abrió indiscriminadamente la importación de ropa, generando una competencia desleal y condenando a los talleres a lo largo y ancho del país a languidecer sin remedio.
Las confecciones nacionales no pueden competir con las importaciones, dada la diferencia de precios entre las prendas una vez que llegan al mercado interno. Al no haber demanda de ropa nacional en los comercios, los talleres merman las confecciones decretando la caída de la actividad. Los últimos registros muestran que la producción sufrió un desplome interanual del 25,6 por ciento en mayo, con caídas que triplican o cuadriplican el retroceso general de la industria manufacturera.
Mientras los EE. UU. protegen a su industria cargando con altos aranceles a los productos foráneos que ingresan a ese país, en la Argentina se hace todo lo contrario. La industria textil advirtió sobre la imposibilidad de competir en desigualdad de costos impositivos y laborales frente a la mercadería extranjera, registrando caídas en la producción y pérdida de puestos de trabajo. Es verdad que la ropa está más barata, pero al incrementarse la desocupación, más los salarios pisados, sin paritarias y sobrecargados con los altos costos de los servicios -luz, agua, gas, transporte público y alquileres- ya sin subsidios del Estado, acrecentaron la debacle del sector, porque los niveles de caída del consumo están alcanzando niveles negativos históricos.
Esta coyuntura estaría llevando al cierre de empresas. La FITA ratificó que durante 2025 bajaron sus persianas medio millar de Pymes, con la consecuente pérdida de puestos de trabajo. En este rubro se habría reportado la destrucción de más de 15.000 empleos formales.
Lo que hoy afronta la industria textil es similar a lo que acontece en el rubro autopartes, alimentos, calzado, herramientas, medicamentos y telefonía celular, aunque en este último caso no existe la competencia interna. Con este panorama resulta difícil creer que la “macro” estaría ordenada, porque el consumo cae sin contención, la desocupación crece, las Pymes y los comercios cierran, los morosos incobrables alcanzan niveles estructurales, la inflación sigue siendo muy elevada, el dólar aumenta y el riesgo país se escapa. Vale entonces la pregunta: ¿Cómo puede haber una “macro” controlada con una “micro” desquiciada?






