Las diferencias de criterio y los celos políticos dentro de las principales terminales del oficialismo nacional sumaron un capítulo de alta sensibilidad internacional. El eje de la discordia se concentra ahora en la Cámara de Diputados de la Nación, donde el presidente del cuerpo, Martín Menem, mantiene demorado el tratamiento del Tratado de Cooperación en Materia de Patentes (PCT), una iniciativa largamente reclamada por la Embajada de los Estados Unidos y corporaciones multinacionales.
Esta dilación legislativa colisiona directamente con los compromisos asumidos en las últimas semanas por el estratega de la Casa Rosada, Santiago Caputo. Durante su reciente y reservada visita a Washington, el asesor presidencial fue consultado de manera explícita por funcionarios norteamericanos sobre el estado de situación de la normativa, la cual es vista como un requisito indispensable para destrabar futuras inversiones extranjeras directas y profundizar los lazos comerciales recíprocos.
Dos visiones contrapuestas en el "triángulo de hierro"
El freno al expediente pone de manifiesto que las disputas entre el ala parlamentaria del oficialismo y la mesa chica de Balcarce 50 exceden la mera pelea por el control territorial o las estrategias comunicacionales. En esta oportunidad, el conflicto roza la política exterior:
La postura de Caputo: Entiende que la ratificación del tratado de patentes es una carta de negociación vital para consolidar el alineamiento con la Casa Blanca, lo que facilitaría gestiones clave ante organismos multilaterales de crédito.
La postura de Menem: Pese a comulgar con las premisas aperturistas, adopta una posición más cautelosa debido a la falta de consensos firmes en los bloques aliados y al fuerte lobby en contra de diversos sectores industriales nacionales y laboratorios locales, que advierten un perjuicio directo a la producción nacional si se aprueba la ley a libro cerrado.
La ingeniería parlamentaria trabada
Para el entorno presidencial, la demora de Menem en construir las mayorías necesarias y dictaminar el proyecto es interpretada como un síntoma de ineficiencia o como un pase de factura en medio de la desgastante interna que sufre el bloque.
Las espadas legislativas que responden de manera directa al asesor estrella ya deslizaron que, de no mediar un cambio de postura en la conducción del cuerpo, la Casa Rosada incrementará la presión pública sobre el Congreso. Para la Jefatura de Gabinete y la Cancillería, dilatar este instrumento jurídico debilita la posición geopolítica de la administración en un momento donde urge dar señales de previsibilidad jurídica a los mercados globales.






