El folclore en Santiago del Estero brota de la tierra y se transforma en un paisaje interno indiscutible. Para la agrupación La Paisanada, este 2026 no es un año más en el almanaque: consolida una década de permanente vigencia y marca el nacimiento de una obra grabada a fuego que persigue la esencia de las guitarreadas ancestrales, despojándose de efectismos tecnológicos para centrarse en la verdad de cada compás.
El inminente material, que estará disponible próximamente en todas las plataformas digitales, fue producido en gran parte por el músico Juan Pablo “Pato” Saiman antes de radicarse en España. El resultado es un entramado sonoro de alta fidelidad donde conviven la desnudez tradicional de una chacarera ejecutada con violín, bombo y guitarra, junto a piezas musicales de altísima complejidad técnica y compositiva.
Un ejemplo de esta evolución es la versión del clásico “Pájaro Lluvia”, de Roberto Cantos, que para este proyecto incorpora un cuarteto de cuerdas con arreglos de cello y múltiples capas de voces. A esto se suma el aporte del pianista Nene Brandan, quien desplegó texturas a través de sintetizadores, pianos y rhodes que enriquecen la propuesta sin saturar la identidad del grupo.
Los pilares del nuevo disco y los festejos por la década:
Identidad orgánica: La banda sostiene su rechazo al uso de pistas grabadas o computadoras en vivo. Su propuesta sigue siendo enteramente humana, buscando respetar el pulso de los abuelos y los accesorios rítmicos correspondientes.
Complejidad en escena: Trasladar la ingeniería sonora del estudio al plano del vivo será un hermoso desafío. El montaje escénico del actual quinteto requerirá de una minuciosa precisión para no perder la calidez y presencialidad.
En busca del día fundacional: El concepto de La Paisanada tomó forma a fines de 2016. Actualmente, los músicos revisan antiguos archivos y registros para hallar la fecha exacta de su primer concierto, con el anhelo de repetir ese mismo día el gran show de presentación del disco.
El trayecto de Tufi Jozami encierra una rica particularidad identitaria. De ascendencia libanesa —colectividad que ha dejado una huella imborrable en la sociedad y la cultura santiagueña—, el cantante formó su sensibilidad musical desde los cuatro años de edad de manera innata y perfeccionó su técnica bajo el ala de la renombrada maestra Sarita Reitich, una pianista de renombre académico que le enseñó los secretos y los contratiempos de la chacarera.
Con un repertorio exquisito que viaja desde las creaciones de Nacho Sánchez hasta el legado ineludible de los Hermanos Ábalos, La Paisanada demuestra que las nuevas generaciones de músicos santiagueños son custodios fieles de la memoria nativa, capaces de proyectar el cancionero popular hacia el futuro con respeto, sofisticación y el corazón puesto en la raíz de su pueblo.






