Jorge Gustavo Toloza, un santiagueño nacido y criado en Suncho Corral, ha demostrado que la distancia no es impedimento para ejercer la solidaridad con su tierra natal. Hijo de un trabajador ferroviario, Toloza emigró de joven a Villa de Mayo, en la provincia de Buenos Aires, donde actualmente desempeña un rol activo como dirigente del Club Social La Loma.
A pesar de los años transcurridos, sus recuerdos de infancia, marcados por partidos de fútbol con pelotas de trapo y arcos de caña en las calles de su pueblo, lo motivaron a iniciar una campaña permanente de ayuda. “Cuando la solidaridad llega a aquellos que necesitan, es un poco de esperanza de un mañana mejor”, reflexiona Toloza sobre la iniciativa que sostiene con esfuerzo propio.
La logística de la generosidad
Desde Buenos Aires, Toloza coordina el envío de donaciones esenciales destinadas al Barrio Sur de Suncho Corral. Esta ayuda solidaria incluye indumentaria deportiva, calzado, frazadas, juguetes y suministros para organizar chocolatadas destinadas a los niños del sector.
La distribución de estos elementos es posible gracias a la articulación local de su hermano, Dante Toloza, y su esposa, Yoli, quienes se encargan de hacer llegar los recursos a las familias que más lo necesitan. El compromiso del dirigente deportivo ha sido fundamental para que esta red de contención se mantenga activa, consolidándose como un ejemplo de gratitud hacia su barriada de amigos y compañeros de escuela.
Reconocimiento vecinal
Los habitantes de Suncho Corral han expresado su profundo agradecimiento hacia Toloza, destacando su noble gesto como un acto que “enaltece a la persona que se compadece con el prójimo”. Para los vecinos, estas acciones representan mucho más que bienes materiales; son un símbolo de pertenencia y memoria hacia los años de niñez compartidos.
Mientras la comunidad celebra su predisposición constante, la esperanza de los suncheños es poder recibirlo personalmente en un futuro cercano en las calles de la ciudad que lo vio crecer, reafirmando que, sin importar los kilómetros, un hijo de la tierra siempre encuentra el camino de regreso hacia su gente.






