Por Ariel Sequeira
“La universidad no es para todos…” La vieja idea sostenida por las elites nacionales resurgió desde los medios en la engolada garganta de Alejandro Fantino, egresado de la UCA. Pavada de vocero - ¿sobre mediante? – se agenció el establishment para contrarrestar la masiva marcha federal, en su cuarta edición, en reclamo por la ley de financiamiento universitario. La educación pública que sostiene el Estado con el dinero que todos -y entiéndase bien: todos- aportamos con nuestros impuestos, pero que sin embargo, según este rancio axioma, debería ser para unos pocos, para unos selectos, escogidos, apartados, buena gente, quizás altos rubios y de ojos celestes… ¿Se entiende la pagamos todos, pero debería ser de unos pocos? La propuesta libertaria es clara: “estudiaremos en las universidades nacionales, pero con la tuya”. Es así que “Fanta”, licenciado en filosofía, intenta admonizar a las masas señalando que antes de abrir más universidades, deberíamos hacer primero un país más grande. Orejas de burro para “Fanta”, urgente, porque un país se hace más grande con más educación para todos, salud para todos y pleno empleo, entre otros derechos que hoy son negados por el gobierno de la Nación.
¿De dónde surge esa idea degradante que reza que la universidad no es para todos? Desde ya se debe señalar que no surge en un momento único. Surge del enfrentamiento entre un modelo elitista y meritocrático y otro de modelo inclusivo. Si se rastrea en la historia, se pueden hacer varias paradas o estaciones. Desde la creación de las primeras universidades, como la de Bolonia en 1088 o la de París en 1150, fueron concebidas para minorías, dado que sólo se dictaba teología, derecho o medicina. Además, su acceso estuvo limitado a ciertas clases sociales como la nobleza, el clero o la burguesía. Limitado también por género, dado que sólo los hombres tenían acceso a ese nivel de estudios y por religión.
Con este esquema bien en claro, ahora se puede avanzar en el tiempo. Para 1918, en la Argentina, se llevó a cabo la llamada Reforma del 18, que fue un hito precisamente por cuestionar ese carácter elitista. Dicha reforma echó por tierra el arancelamiento, con la idea concreta de democratizar el ingreso. Con este ejemplo es más que evidente que la idea, “de que no es para todos”, es un concepto retrógrado, que nos remonta a los tiempos de las cavernas.
Definitivamente, le duela a quien le duela, fue Juan Domingo Perón en 1949 quien firmó el decreto 29.337, eliminando los aranceles. Con esta acción el peronismo transformó la educación superior. Así pasó de ser un privilegio de las élites a un derecho de todos. Desde ese momento la universidad pasó a ser también patrimonio de los hijos de los trabajadores. Llegados los 70, los gobiernos militares, especialmente el Proceso, buscaron reflotar el arancelamiento y los cupos. El objetivo fue en ese tiempo, desmasificar la universidad para devolverla a las élites. Ya en el Siglo XX esta vetusta idea reaparece camuflajeada bajo los motes de mérito o capacidad. Resumiendo esa perversa idea de que, “no es para todos", no hace más que esconder la defensa histórica de un modelo de exclusividad que se contrapone a la visión de la educación como un derecho humano y un bien público.
En la actualidad en las universidades públicas del país estudian más de 2 millones de personas. Esta cifra totalizaría casi el 80 por ciento del total de la matrícula universitaria de la Argentina. Estos estudiantes se distribuyen en 72 universidades públicas nacionales y provinciales. De estos números se desprende que aproximadamente un 20 por ciento de personas cursan carreras de grado en las universidades privadas, es decir poco más de 500.000, en su conjunto los universitarios serían unos tres millones en todo el país. Conclusión, si no estuvieran las universidades estatales, si fueran aranceladas o bien cerradas, más de 2 millones de argentinos quedarían excluidos de carreras profesionales. Por eso decir que la universidad no es para todos, es lisa y llanamente una animalada…
¿Y las denuncias de corrupción? Fueron movimientos estratégicos del oficialismo en el gobierno. Se llevó a cabo una campaña para deteriorar la imagen de las universidades ante la opinión pública. Nobleza obliga, debo decir que sí existen denuncias, pero no solo contra las casas de altos estudios. Las denuncias de corrupción contra organismos oficiales llueven sobre la gestión mileista, pero no aparecen en los medios adictos, que sólo difunden aquello que convienen a los intereses sectarios.
Algunos casos puntuales: La Universidad de Quilmes, fue investigada por irregularidades y faltantes de dinero. En el caso de la Universidad Madres de Plaza de Mayo, fueron reportados situaciones conflictivas, donde la corrupción no sería ajena. Donde mayor énfasis se puso fue en la divulgación de irregularidades, fue en la UBA. Para Milei no habría transparencia en el manejo de sus fondos. Mientras que esa universidad sostiene que las distintas auditorias sobre su institución, nunca habría arrojado nada objetable. Queda claro que la gestión libertaria se presenta así misma como impoluta y para ello echa estiércol sobre todo lo que no pueda digitar a su favor.
Ahora sí vale la pregunta de oro: ¿Y por casa como andamos? ¿Hay casos de corrupción que afecten a la gestión Milei? Es momento entonces de un intercambio de figuritas…
A los adalides de la libertad, a los leones desdentados, parece que les escapó la tortuga. No son pocos los organismos nacionales y estatales que fueron denunciados y que están siendo investigados por presuntos hechos de corrupción, como por ejemplo en el manejo de fondos sociales y contrataciones. Vayan algunos ejemplos (con números de 2024 y 2025): Se presentaron denuncias contra la Anses por una presunta red de contrataciones irregulares con empresas tecnológicas, por montos millonarios en dólares. El ministerio de Capital Humano también está en el ojo de la tormenta. La denuncia en su contra es por el desvío de fondos en 34 cooperativas que actuaban como intermediarias en planes sociales. ANDIS sin embargo sería lo más escandaloso, la denuncia del pago de coimas es hoy un tobogán en bajada que nadie puede parar. Como se sabe Diego Spagnuolo, quien fuera titular de dicho organismo, está hoy procesado por presunta asociación ilícita, cohecho y fraude al Estado. Se le investiga por un esquema de coimas y sobreprecios en la compra de medicamentos por 76.000 millones de pesos, denuncia en la que habría implicado a Karina -hermana- Milei por el “tres por ciento”. El PAMI tampoco se salva y el escándalo es por la compra sobrefacturada de sillas de ruedas y andadores para los “viejitos”.
Pero como esto, en definitiva, no puede ser de ninguna manera un intercambio de figuritas, ningún hecho de corrupción puede ser tomado como justificativo para exculpar otros similares o peores. De igual manera la administración fraudulenta de una universidad -si la hubiera y fuera comprobada- no debe ser fundamento para atacar a todo el sistema. Si esto fuera así, entonces la conclusión irrefutable será que en realidad lo que molesta al gobierno de Milei, es que las élites hayan dejado de ser exclusivas para este estamento de la educación.
Orejas de burro para “Fanta”. El mediático se jacta de su licenciatura en filosofía de la UCA, olvidándose que la filosofía nació al finalizar los banquetes, durante las libaciones o viviendo dentro de un barril como Diógenes de Sinope el cínico o mirando las estrellas como Tales de Mileto. Y se olvida aun de algo más importante, el amor al saber que la esencia de la filosofía.






