Las jubilaciones y pensiones en Argentina sufrieron una pérdida del poder adquisitivo de entre el 36% y el 41% desde fines de 2019, según revela un análisis sobre la evolución de los haberes frente a la inflación oficial. El impacto del proceso inflacionario y las sucesivas modificaciones en las fórmulas de movilidad configuraron un escenario adverso para la clase pasiva: la prestación mínima con bono incluido registró una caída real del 40,7%, afectando a cerca de 2,9 millones de beneficiarios que representan la mitad del sistema contributivo de la ANSES.
El deterioro en la base de la pirámide previsional se agudizó producto del congelamiento del bono de refuerzo, el cual permanece fijado en $70.000 desde marzo de 2024 a pesar del avance en el costo de vida. Por su parte, los haberes superiores al mínimo —percibidos por unos 3 millones de personas— exhibieron una dinámica diversa: sufrieron la mayor contracción real entre 2020 y 2023, para luego recortar parcialmente la pérdida a partir de 2024 con la implementación de la movilidad por inflación, ubicando su caída acumulada en un 36,7% respecto a diciembre de 2019.
En el último año, la aplicación de la nueva fórmula de actualización mensual permitió un empate técnico frente a los precios para los jubilados que no perciben adicionales, acumulando un ajuste del 33,5% equivalente a la inflación del período. Sin embargo, para los haberes mínimos la realidad difirió por el atraso de los bonos, registrando un retroceso del 4,5% real en los últimos doce meses y manteniendo la discusión sobre el impacto distributivo de las normas previsionales en la Justicia.






