Los presidentes Luiz Inácio Lula da Silva y Donald Trump protagonizarán este jueves una esperada reunión de trabajo en la Casa Blanca. La cita, que debió ser postergada a principios de año, llega en un momento de rispidez diplomática tras la reciente expulsión de un agente brasileño en Miami y las posteriores medidas de reciprocidad adoptadas por Brasilia.
La agenda oficial estará concentrada en cuestiones económicas y de seguridad de interés común. A sus 80 años, el mandatario brasileño llega a Estados Unidos manteniendo una postura crítica hacia el enfoque multilateral y comercial de la administración de Donald Trump, en un escenario global además complejizado por la escalada norteamericana con Irán en el estrecho de Ormuz.
El principal reclamo de la comitiva sudamericana apunta al impacto de los aranceles impuestos por Washington. Según detalló el vicepresidente brasileño, Geraldo Alckmin, las tasas aduaneras llegan al 25% para vehículos y autopartes, y trepan hasta un 50% en el caso del acero, el aluminio y el cobre, por lo que urgieron abrir canales para un mejor entendimiento comercial.
Tierras raras, inversiones y el debate por el narcotráfico
El interés de la Casa Blanca se enfoca de manera prioritaria en los yacimientos brasileños de tierras raras, minerales que resultan estratégicos para el desarrollo de la tecnología militar y civil estadounidense. Al respecto, el líder del Partido de los Trabajadores adelantó su disposición a recibir capitales norteamericanos, siempre que su país retenga el control de la cadena productiva.
En el plano de la seguridad, persisten discrepancias respecto a cómo catalogar a las principales organizaciones del narcotráfico de la región. Mientras Washington analiza declarar agrupaciones terroristas al Primeiro Comando da Capital (PCC) y al Comando Vermelho, el canciller Mauro Vieira rechazó la medida por temor a que derive en sanciones unilaterales o una eventual intervención en su territorio.






