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Más de 7.500 casos revelan una deuda de la salud argentina frente a los infartos

El registro ARGEN-IAM-ST analizó 7.690 pacientes de 209 instituciones entre 2015 y 2024. Aunque más del 90% recibió reperfusión en ocho de los diez años estudiados, más del 60% fue tratado fuera de los tiempos recomendados, un factor clave para entender el estancamiento.

Más de 7.500 casos revelan una deuda de la salud argentina frente a los infartos
Un registro nacional que analizó 7.690 pacientes atendidos en 209 instituciones mostró que la mortalidad hospitalaria por infarto se mantuvo en 8,6% entre 2015 y 2024, con las demoras en el tratamiento como uno de los principales desafíos.

Argentina no consiguió reducir significativamente la mortalidad intrahospitalaria por infarto durante una década. Un análisis de 7.690 pacientes atendidos en 209 instituciones entre 2015 y 2024 registró una mortalidad del 8,6%, sin cambios estadísticamente significativos durante ese período.

Los resultados corresponden al registro nacional ARGEN-IAM-ST y se concentran en pacientes que sufrieron un infarto agudo de miocardio con elevación del segmento ST, una de las formas más graves de esta emergencia cardiovascular.

El tema será uno de los ejes del 52° Congreso Argentino de Cardiología, organizado por la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC) del 14 al 16 de octubre en La Rural.

Los datos plantean una paradoja: existen tratamientos capaces de reducir la mortalidad, pero una parte importante de su beneficio se pierde cuando el paciente consulta tarde o el propio sistema demora la reperfusión.

Más del 60% fue tratado fuera del tiempo recomendado

Ante un infarto de estas características, uno de los objetivos principales es restablecer cuanto antes el flujo sanguíneo hacia el corazón.

Esto puede conseguirse mediante una angioplastia, que permite abrir la arteria obstruida utilizando un catéter, o con medicamentos fibrinolíticos destinados a disolver el coágulo.

El registro muestra un dato positivo: durante ocho de los diez años analizados, más del 90% de los pacientes recibió alguna estrategia de reperfusión.

Sin embargo, eso no se tradujo en una reducción significativa de la mortalidad.

Una de las explicaciones aparece en los tiempos: más del 60% de los tratamientos se realizó fuera de los plazos recomendados.

“Podemos contar con profesionales entrenados, medicamentos efectivos y salas de hemodinamia de última generación, pero si el paciente consulta tarde o atraviesa demoras evitables dentro del sistema, perdemos una parte sustancial del beneficio”, explicó el Dr. Sergio Baratta, presidente de la Sociedad Argentina de Cardiología.

Para el especialista, una mortalidad que permanece estable durante diez años “no debe naturalizarse”.

La primera demora puede comenzar en casa

El problema no necesariamente comienza dentro de un hospital.

Según el estudio, la mediana entre el comienzo del dolor y la consulta fue de 120 minutos. Es decir, la mitad de los pacientes demoró al menos dos horas en solicitar atención.

Ante síntomas compatibles con un infarto, el tiempo resulta crítico. Entre las manifestaciones que requieren atención urgente pueden aparecer dolor o presión intensa en el pecho, falta de aire, sudoración fría, náuseas o un malestar súbito.

Una vez iniciado el contacto con el sistema sanitario, el reloj continúa corriendo.

La mediana entre el ingreso y la administración de un fibrinolítico fue de 55 minutos, mientras que entre la llegada y la realización de una angioplastia fue de 79 minutos.

Además, el tiempo total durante el cual el corazón permaneció con irrigación insuficiente alcanzó los 180 minutos entre quienes recibieron fibrinolíticos y 315 minutos entre quienes fueron sometidos a una angioplastia.

De acuerdo con el análisis, estos indicadores tampoco mejoraron significativamente a lo largo de los diez años estudiados.

Las derivaciones agregaron más de tres horas

Una de las mayores diferencias apareció cuando el paciente necesitó ser trasladado desde una institución hacia otra.

El 44,8% de los pacientes incluidos en el registro llegó al centro encargado de realizar el tratamiento después de pasar por otro establecimiento.

En esos casos, la derivación agregó más de tres horas hasta la reperfusión.

El tiempo total de irrigación insuficiente prácticamente se duplicó: fue de aproximadamente seis horas entre los pacientes trasladados, frente a tres horas entre quienes pudieron ser tratados en el primer centro.

La Dra. Mirta Diez, presidenta electa de la SAC, consideró que estos números reflejan la necesidad de fortalecer la coordinación entre instituciones.

“No alcanza con que haya centros capaces de hacer angioplastias si el resto de la red no sabe con anticipación a dónde derivar, cómo comunicarse, qué tratamiento iniciar y en qué plazo concretar el traslado”, señaló.

Angioplastia o fibrinolíticos: por qué importa el tiempo

La angioplastia primaria es la estrategia preferida cuando puede concretarse rápidamente. Sin embargo, de acuerdo con las recomendaciones citadas en el informe, cuando se anticipa una espera superior a las dos horas debe evaluarse el uso temprano de fibrinolíticos, siempre que el paciente no presente contraindicaciones.

En el registro argentino, apenas el 27% de los pacientes que fueron derivados recibió estos medicamentos.

El dato aparece como una posible oportunidad para revisar protocolos y evitar que el traslado hacia otro establecimiento se transforme en tiempo perdido para iniciar el tratamiento.

Las diferencias de mortalidad también fueron importantes según los pacientes hubieran recibido o no reperfusión.

Entre quienes no accedieron a la reperfusión, la mortalidad fue del 15,4%. Entre quienes sí la recibieron, se ubicó en 7,9%.

Redes provinciales y regionales, una de las claves

Los especialistas plantean como una de las principales herramientas el desarrollo de redes provinciales y regionales de atención del infarto, capaces de conectar ambulancias, servicios de emergencia, establecimientos de diferente complejidad y hospitales con hemodinamia.

El objetivo es que desde el primer contacto exista un circuito previamente definido para realizar el electrocardiograma, elegir la estrategia de reperfusión, activar al equipo receptor e iniciar rápidamente una eventual derivación.

Para que esa red funcione se necesitan protocolos compartidos, personal capacitado, medicamentos disponibles, ambulancias, comunicación directa y mediciones constantes de los tiempos y resultados.

“El estancamiento no responde a una única causa ni se resolverá con una medida aislada”, sostuvo el Dr. Mariano Falconi, presidente del Comité Científico del 52° Congreso Argentino de Cardiología.

Prevención y atención inmediata

La reducción de la mortalidad cardiovascular comienza también antes de que se produzca un infarto.

Los especialistas remarcan la importancia de los controles médicos periódicos para evaluar factores como presión arterial, colesterol, glucemia y peso, además de mantener hábitos saludables, realizar actividad física y evitar el tabaquismo.

Pero cuando aparecen síntomas compatibles con un infarto, el mensaje cambia: no se debe esperar a que desaparezcan por sí solos y corresponde buscar atención médica de emergencia.

Los datos de una década muestran que Argentina cuenta con herramientas terapéuticas eficaces, pero también que cada minuto que se pierde antes de restablecer el flujo sanguíneo puede reducir su beneficio.

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