El tablero internacional vuelve a crujir en su zona más caliente. Las alarmas globales se encendieron de manera crítica este miércoles 20 de mayo de 2026, luego de que la Guardia Revolucionaria iraní emitiera una tajante advertencia bélica que eleva a niveles históricos la tensión mantenida con los gobiernos de Estados Unidos e Israel.
El duro manifiesto de la fuerza de élite persa se produjo como una réplica directa a las recientes declaraciones de la administración del presidente estadounidense, Donald Trump, quien había manifestado públicamente su intención de retomar las acciones de fuerza y los bombardeos estratégicos contra la República Islámica en caso de que fracasen los canales de negociación que se desarrollan actualmente en la mesa diplomática.
A través del comunicado oficial, la organización militar de vanguardia iraní fustigó la postura de la Casa Blanca y de Tel Aviv, aduciendo que ambas potencias “no han aprendido de las derrotas estratégicas sufridas frente a Irán” y lanzando una severa advertencia al asegurar que su nación todavía mantiene en reserva la mayor parte de su verdadero arsenal y poderío bélico.
“Somos hombres de guerra y verán nuestro poder en el campo de batalla, no en comunicados vacíos ni en páginas virtuales”, sentenció la Guardia Revolucionaria, utilizando un tono marcadamente beligerante que sacudió los mercados internacionales.
En sintonía con estas declaraciones, el ministro de Relaciones Exteriores iraní, Abbas Araghchi, buscó profundizar la presión psicológica al aseverar que un eventual retorno de las hostilidades armadas directas deparará “más sorpresas” indeseadas para los destacamentos y las bases logísticas que las fuerzas norteamericanas operan en la periferia de Oriente Medio.
Por el lado de Washington, trascendió que el presidente Donald Trump evaluó seriamente concretar una serie de ataques aéreos de precisión en las últimas horas. Sin embargo, dicha determinación habría sido puesta en pausa debido a los urgentes pedidos de moderación formulados por sus principales socios estratégicos en el Golfo Pérsico —entre ellos Arabia Saudita, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos—, cuyos gobiernos claman por mantener abiertos los mecanismos de diálogo para evitar una catástrofe humanitaria y comercial de alcance impredecible.
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