La brecha entre las estadísticas oficiales y la realidad cotidiana de los argentinos se profundiza, según el último informe del Monitor de Opinión Pública (MOP) de Zentrix Consultora. Los datos revelan un escenario de fragilidad económica donde la percepción de pérdida del poder adquisitivo se mantiene como una constante, afectando transversalmente a la población, incluso entre los votantes del oficialismo.
El relevamiento indica que el 50,2% de los encuestados se identifica como parte de la clase baja, mientras que apenas un 10,5% se posiciona en la clase alta. Esta autopercepción se ve respaldada por la incapacidad de cubrir los gastos mensuales: el 61% asegura que sus ingresos alcanzan, como máximo, hasta el día 20, dejando apenas a un 13% de la población con capacidad de llegar a fin de mes con margen para el ahorro.
Salarios vs. Inflación: una batalla perdida
La percepción de deterioro salarial es abrumadora: el 86,1% de los consultados sostiene que sus ingresos perdieron frente a la inflación. Este dato, que se ha mantenido estable desde marzo, atraviesa las barreras políticas:
Votantes oficialistas: El 70,2% admite que su salario pierde contra los precios.
Votantes opositores: La cifra asciende al 96,6%.
Sumado a esto, existe un alto nivel de escepticismo hacia los datos oficiales. Un 68,8% de los encuestados descree que el índice de inflación del INDEC refleje el aumento real de precios que enfrentan diariamente, una desconfianza que trepa al 84% en los sectores de clase baja.
Cambios en la agenda de preocupaciones
Un dato llamativo del estudio es el desplazamiento de las prioridades ciudadanas. Ante la consulta espontánea, la corrupción ha logrado desplazar a la economía como el principal problema del país, seguida por la figura presidencial y, en tercer lugar, las dificultades económicas propiamente dichas.
Cuando se analizan las opciones predeterminadas, la corrupción (51,3%) lidera el ranking, seguida de cerca por los salarios (48,2%) y la incertidumbre económica (37,1%).
En cuanto a la gestión del presidente Javier Milei, el estudio marca un punto de inflexión. Por primera vez en cuatro meses, la tendencia negativa de su imagen se detuvo: la aprobación subió levemente a 33,2% y la desaprobación bajó a 56,6%. Según la consultora, esto no se debe a una mejora económica, sino a que la sociedad habría internalizado el ajuste como parte de su realidad actual.






