Dos semanas después de la devastadora riada que arrasó sectores del norte y centro de Nepal, 5.133 personas continúan desaparecidas, entre ellas 587 turistas extranjeros. La tragedia mantiene desplegados a más de 21.000 efectivos mientras miles de desplazados permanecen en refugios y cerca de 600 menores todavía son buscados.
La Autoridad Nacional para la Reducción y Gestión del Riesgo de Desastres de Nepal (NDRRMA) actualizó además el número de víctimas recuperadas en los 15 municipios declarados como zonas prioritarias del desastre.
Hasta el momento fueron encontrados 1.367 cuerpos y restos humanos, aunque las tareas de identificación avanzan con enormes dificultades.
Solamente 102 víctimas pudieron ser identificadas y entregadas a sus familias, mientras continúa el trabajo para establecer la identidad del resto.
Una enorme operación para identificar a las víctimas
El procedimiento se desarrolla en condiciones extremas, con instalaciones improvisadas en áreas montañosas y tareas realizadas también en hospitales y morgues de las principales ciudades.
Especialistas procedentes de China, India y Corea del Sur se sumaron a los equipos nepalíes para colaborar en el proceso.
La Policía de Nepal ya recolectó 2.698 muestras de ADN: 1.286 corresponden a restos recuperados y otras 1.412 fueron aportadas por familiares.
Algunas de estas últimas incluso fueron obtenidas en el extranjero ante la presencia de cientos de turistas entre los desaparecidos.
Tras la extracción de las muestras genéticas, numerosos cuerpos debieron ser enterrados temporalmente en lugares como Gokarna y Pokhara mientras se intenta determinar su identidad.
Miles de desplazados y comunidades que permanecen aisladas
La catástrofe también obligó a abandonar sus hogares a más de 3.600 personas, que permanecen distribuidas en 37 centros de alojamiento temporal ubicados en Nuwakot, Rasuwa y Dhading.
Las condiciones representan otro desafío para las autoridades. El hacinamiento y la contaminación del agua incrementaron el riesgo de enfermedades, entre ellas el cólera.
A esto se suma la destrucción de puentes y rutas, que mantiene complicado el acceso a decenas de comunidades.
En algunas zonas comenzaron a escasear productos en los comercios, mientras parte de la ayuda humanitaria quedó concentrada en puntos logísticos sin poder avanzar hacia los lugares más afectados.
Más de 21.000 personas trabajan en la búsqueda
Más de 21.000 efectivos continúan desplegados para encontrar a quienes permanecen desaparecidos.
Las operaciones no se limitan a la superficie. Los rescatistas ingresan también a galerías de centrales hidroeléctricas, entre ellas Upper Trishuli-1, ante el temor de que trabajadores hayan quedado atrapados.
“Nuestro foco está en la búsqueda y rescate en tres niveles, en el suelo, por aire y en los túneles. Nos estamos asegurando de que nadie quede atrás”, afirmó Raja Ram Basnet, portavoz del Ejército de Nepal.
La aparición con vida de tres trabajadores dentro de los túneles —dos nepalíes y un ciudadano chino— renovó las esperanzas de encontrar más sobrevivientes.
Cerca de 600 menores continúan desaparecidos
En medio de la emergencia, algunas zonas comenzaron lentamente a recuperar parte de su actividad cotidiana.
En Bidur, distrito de Nuwakot, las escuelas volvieron a recibir alumnos este miércoles, después de permanecer cerradas desde el 26 de agosto.
Sin embargo, la situación continúa siendo crítica: aproximadamente 600 menores permanecen desaparecidos y más de 7.000 estudiantes concurren a establecimientos educativos afectados por el desastre.
Cómo comenzó la catástrofe en Nepal
Según la explicación del científico Simon Cox, del instituto neozelandés GNS Science, un enorme fragmento de glaciar se desprendió desde una altura aproximada de 5.200 metros y cayó hacia un valle.
El fenómeno se convirtió posteriormente en una gigantesca masa de detritos que arrastró rocas, sedimentos, árboles y todo aquello que encontraba a su paso.
Las imágenes registradas por cámaras de seguridad muestran el momento en que la masa de lodo alcanza un puesto fronterizo con el Tíbet mientras las personas intentan escapar.
Después, la corriente continuó avanzando río abajo.
Pueblos y valles quedaron devastados, mientras centrales eléctricas, rutas y puentes fueron destruidos, incluyendo infraestructura sobre el corredor que conecta Katmandú con Lhasa, en el Tíbet.
Dos semanas después, mientras Nepal intenta dimensionar las consecuencias de la catástrofe, la prioridad continúa siendo encontrar a las 5.133 personas cuyo paradero sigue siendo desconocido.






