Durante generaciones, la consulta médica estuvo asociada a una lógica sencilla: algo duele, aparece un síntoma y recién entonces se busca ayuda. Sin embargo, un enfoque que viene ganando terreno propone invertir ese recorrido. La medicina de longevidad busca estudiar la salud cuando la persona todavía se siente bien, identificar factores de riesgo y actuar sobre aquellos que pueden modificarse antes de que aparezca una enfermedad.
La propuesta no consiste en adivinar qué enfermedad tendrá una persona en el futuro, ni mucho menos garantizar que nunca se enfermará. El objetivo es determinar dónde pueden encontrarse sus principales riesgos y establecer qué se puede hacer para reducirlos.
La doctora Natalia Ayala Vázquez, médica neurocirujana y especialista en medicina de longevidad, explicó que una de las dificultades actuales es que buena parte del sistema sanitario está estructurado para responder cuando una enfermedad ya se manifestó.
“No es que los médicos no quieran prevenir. El problema es que el sistema está saturado y no está diseñado para darles el tiempo ni la estructura para hacerlo”, señaló.
Un estudio publicado en Journal of General Internal Medicine dimensionó esa dificultad: calculó que un médico de atención primaria necesitaría 26,7 horas diarias para cumplir con todas las recomendaciones preventivas, seguimiento de enfermedades crónicas, atención aguda y tareas administrativas correspondientes a un panel representativo de 2.500 adultos.
De ese tiempo, 14,1 horas serían necesarias únicamente para tareas preventivas.
Detectar riesgos antes de que aparezca la enfermedad
El planteo cobra relevancia especialmente frente a las enfermedades no transmisibles, entre ellas las cardiovasculares, el cáncer, la diabetes y las patologías respiratorias crónicas.
Según datos citados de la Organización Mundial de la Salud (OMS), este grupo concentra alrededor de tres cuartas partes de las muertes a nivel mundial.
Muchas de estas enfermedades están relacionadas con factores sobre los que es posible intervenir, como tabaquismo, consumo de alcohol, sedentarismo, alimentación, hipertensión y valores elevados de glucosa o colesterol.
Esto no significa que modificar esos factores permita eliminar completamente la posibilidad de enfermar.
“No significa que toda enfermedad se pueda evitar. Significa que hay una porción de riesgo que sí es modificable, y que hoy tenemos herramientas para medirla y actuar sobre ella antes de que se convierta en un diagnóstico”, explicó Ayala.
En el caso del cáncer, por ejemplo, el material cita estimaciones de la OMS según las cuales una proporción importante de los casos podría prevenirse mediante la reducción de factores de riesgo conocidos y estrategias adecuadas de detección temprana.
No solamente vivir más, sino vivir mejor
La medicina de longevidad introduce además un concepto denominado healthspan, que puede entenderse como el período de la vida durante el cual una persona conserva salud, autonomía y capacidad funcional.
Es decir, la mirada no está puesta únicamente en sumar años de vida, sino también en las condiciones en las que esos años son transitados.
Para Ayala, el abordaje puede resumirse en tres pilares: Predict, Prevent y Perform.
El primer paso consiste en evaluar y estratificar riesgos mediante antecedentes personales y familiares, biomarcadores y estudios indicados para cada caso.
El segundo apunta a intervenir sobre aquellos factores que pueden modificarse.
Finalmente, el tercero implica realizar un seguimiento a lo largo del tiempo para analizar los resultados y ajustar la estrategia cuando corresponda.
“Queremos que la persona deje de ser un espectador de su salud y empiece a ser protagonista: que conozca sus indicadores, entienda sus riesgos y participe de las decisiones sobre cómo quiere vivir los próximos años”, sostuvo la especialista.
Prevenir no significa predecir el futuro
Una de las distinciones más importantes es que este enfoque trabaja con probabilidades y factores de riesgo, no con certezas sobre el futuro de una persona.
Tener determinado marcador o antecedente no significa necesariamente que alguien desarrollará una enfermedad, del mismo modo que contar con resultados normales en un momento determinado no elimina todos los riesgos.
La propuesta es utilizar la información clínica disponible para tomar decisiones preventivas individualizadas y realizar un seguimiento profesional.
También existe otro desafío: diferenciar este campo de las propuestas comerciales de “bienestar” que prometen rejuvenecimiento, resultados extraordinarios o soluciones sin evidencia suficiente.
“La longevidad es, ante todo, medicina de precisión orientada a detectar riesgos, intervenir a tiempo y prevenir enfermedades”, sostuvo Ayala.
Los hábitos saludables forman parte de esa estrategia, agregó, pero deben acompañarse cuando corresponda de evaluación médica, evidencia científica y seguimiento profesional.
Así, la pregunta deja de ser únicamente “¿por qué ir al médico si no tengo nada?”. El cambio que propone este enfoque consiste en preguntarse qué factores de riesgo pueden conocerse y modificarse mientras todavía existe tiempo para prevenir.






