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Opinión - " A 72 años de su partida, el legado de Ramón Carrillo contrasta con la actual crisis del sistema sanitario "

La memoria institucional de la medicina social argentina evoca este mes dos hitos fundamentales: los 72 años del fallecimiento del Dr. Ramón Carrillo en su exilio de Brasil y el 80° aniversario de la firma del decreto que dio nacimiento a la primera Secretaría de Salud Pública en mayo de 1946. La colosal obra del célebre médico santiagueño, quien transformó la asistencia benéfica en un derecho social garantizado por el Estado, contrasta con el actual escenario previsional del sector, signado por una profunda fragmentación de sus tres subsistemas y los severos ajustes aplicados por la administración libertaria.

Opinión - " A 72 años de su partida, el legado de Ramón Carrillo contrasta con la actual crisis del sistema sanitario "

Por Ariel Horacio Sequeira

Pasaron 72 años desde el fallecimiento de Ramón Carrillo. Tras la caída de Juan Domingo Perón en el 55, el médico santiagueño partía hacia el exilio y apenas un año después dejaba de existir en la ciudad de Belén, en Brasil. Diez años antes, corría mayo de 46 y por su inspiración se creaba la Secretaría de Salud Pública, dando inicio a una nueva era en la política sanitaria de la Argentina. “Mire Carrillo, me parece increíble que tengamos un ministerio de Ganadería que se ocupa de cuidar a las vacas y no haya un organismo de igual jerarquía para cuidar la salud de la gente", esta frase atribuida a Perón es usada generalmente en escenarios de polémica, sin que la academia la haya incorporado como legado para el acerbo cultural del país.

Restaban apenas unos pocos días para la asunción del naciente peronismo a la presidencia de la nation, cuando por decreto se creó la secretaría que cuidaría la salud de la población. Aunque parezca mentira, la salud era atendida por el ministerio del Interior hasta ese momento. Antes del peronismo la salud no era una cuestión central del desarrollo social, por aquellos años dependía apenas de lo que podían hacer algunos hospitales y la beneficencia (al decir de Damián Leandro Zanni). Como correspondía al frente del nuevo organismo fue puesto, con rango de ministro, el santiagueño Carrillo, convirtiéndose con el paso de los años en una de las figuras más destacadas de la medicina social en la Argentina.

Hagamos un alto en la historia con mayúsculas y revisemos la historia reciente. Parece mentira pero apenas ocho años en el tiempo, un presidente como Mauricio Macri, tomara el camino contrario y por decreto eliminaba el ministerio de Salud, la excusa fue reducir el déficit fiscal y achicar la estructura del Estado, es decir que importó más para ese mandatario, arreglar los números del Estado -que nobleza obliga hay que decir que no arregló nada- sin importa la vida o la muerte de las personas. Esto se corrigió parcialmente con la presidencia de Alberto Fernández, mostrando su mejor cara durante la pandemia. En la actualidad la atención médica se divide en tres pilares que interactúan entre sí: El público que está compuesto por la red de hospitales y centros de atención primaria (CAPS) dependientes de los gobiernos provinciales y municipales. A esto se suman las obras sociales, constituyendo el subsistema de la seguridad social. Financiado con aportes de los trabajadores y contribuciones patronales, agrupa a las obras sociales sindicales, al PAMI (para jubilados y pensionados) y a las obras sociales provinciales y por último el privado que está compuesto por empresas de medicina prepaga y centros de salud privados. Los usuarios acceden a este sistema mediante el pago de cuotas mensuales o derivados de planes corporativos. Este esquema aparentemente ideal hoy atraviesa una crisis terminal a raíz de una profunda fragmentación y desfinanciamiento del sistema. Las principales apuntan al colapso de los hospitales públicos por recortes presupuestarios, la crisis en el PAMI, y la expulsión de usuarios de las prepagas debido a aumentos de tarifas.

Volviendo a la historia grande, con Perón y Carrillo se desechó el viejo modelo sanitario que se caracterizaba sólo en la asistencia y la caridad. A mediados del siglo XX ambos entendieron que la salud no debía depender de la beneficencia, ni ser un privilegio de quienes la pudiera pagar. El objetivo del peronismo fue que el Estado fuera el garante de la salud de la población. Cuesta creer que apenas siete décadas en el tiempo, la asistencia médica, la cobertura de salud fuera un privilegio de muy pocos. Para 1930, la atención médica en la Argentina, para las personas de bajos recursos dependía principalmente de la caridad y la beneficencia. La gente pobre era atendida en hospitales públicos, estos en su mayoría dependían de la Sociedad de Beneficencia de la Capital y el Departamento Nacional de Higiene, o mediante el apoyo de asociaciones religiosas y mutuales de inmigrantes. Así se organizaba la salud para los indigentes.

El investigador Damián Leandro Zanni, lo sintetiza así: Con Carrillo hubo un cambio profundo en la manera de entender la medicina. Hasta el 45 el sistema estuvo centrado en la enfermedad y en la atención individual. Con el gran sanitarista santiagueño esto cambió, la medicina se convirtió en social. No sólo se buscaba sanar, además se concentraba en evitar las enfermedades y para ello el Estado trabajaría para brindar mejores condiciones de vida. Con ese objetivo se trazaron planes para mejorar la higiene, la alimentación, la vivienda y el acceso al sistema sanitario. Así con el peronismo fue la primera vez que desde el Estado, se convirtió a la prevención sanitaria en política pública. De esta forma las campañas de vacunación, saneamiento ambiental, educación sanitaria y control epidemiológico, se convirtieron en políticas de Estado. Carrillo vinculaba directamente a las enfermedades con la pobreza, la desigualdad, la mala infraestructura y las malas condiciones de vida.

Como no podía ser de otra manera fue Carrillo quien llevó a cabo un plan sanitario inédito para aquellos tiempos en el país. Así se impulsaron campañas de vacunación, se luchó contra enfermedades endémicas, pero al mismo tiempo se construyeron hospitales por todo la Argentina, también centros de salud e instituciones especializadas y programas para que las zonas rurales dejaran de estar relegadas y al fin recibieran atención médica.

La visión de Carrillo no se limitó sólo a construir hospitales y dispensarios por todo el país, obviamente se incrementaron las camas, pero al mismo tiempo la política sanitaria por primera vez se articuló con otras áreas como el trabajo, la vivienda, la alimentación y el bienestar general. Lo que realmente revolucionó la salud fue la realización del llamado, “Plan Analítico de Salud Pública”. Era un estudio integral sobre la situación sanitaria del país, donde se daba cuenta de la calidad de la infraestructura, la administración hospitalaria, la distribución de recursos y la organización del sistema. Con Carrillo se afianzó la idea de que la salud debía ser considerada un derecho social garantizado por el Estado. Fue así que tres años después de poner en funciones al sanitaristas santiagueño, Perón creó el ministerio de Salud y cambió rotundamente la vida de los argentinos.

¿Vale entonces preguntarse qué está haciendo Milei con la salud de los argentinos en el presente? El ministerio de Salud bajo la administración libertaria ha llevado a cabo ajustes de moto sierra, realmente atentatorios de la salud de la población. Como ejemplo basta señalar que se realizaron ajustes presupuestarios profundos, así se redujeron los fondos del área de salud en 63.000 millones de pesos, afectando partidas provinciales y la distribución de medicamentos. También hubo moto sierra en programas de alta complejidad, dado que se pusieron en práctica el cierre, la reducción y la suspensión de entregas en programas estratégicos, como por ejemplo para VIH/SIDA, tuberculosis, salud sexual y para tratamientos oncológicos. Otro recorte lo sufrieron planes como ENIA de prevención del embarazo adolescente, que quedó totalmente desmantelado. Lo más grave sin lugar a dudas hasta fueron las medidas orientadas a desarticular estructuras nacionales, como el cierre de la Dirección Nacional de Asistencia Directa por Situaciones Especiales (DATSE) y la desregulación de entes nacionales de salud. Indudablemente Milei retrocedió más de 70 años la salud pública en la Argentina.

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