El histórico barrio Los Lagos de La Banda vuelve a transformarse alrededor de una de las celebraciones más arraigadas de la cultura santiagueña. En la antesala del 125º aniversario del natalicio de doña María Luisa Paz de Carabajal, la familia abre nuevamente las puertas de su casa para recibir a visitantes llegados desde distintos puntos del país y del exterior.
Guitarras, bombos, empanadas, asados y encuentros espontáneos forman parte de una celebración que conserva el espíritu con el que comenzó hace casi 75 años.
En medio de los preparativos, Pablo Carabajal, nieto de la Abuela Luisa e hijo de Oscar Carabajal, describió lo que significa vivir desde adentro una fiesta que modificó para siempre la vida del barrio.
“Yo vivo aquí cotidianamente, crecí y nací en esta casa. La transformación que ocurre en estas fechas es algo impresionante: el barrio entero se transforma por completo”, expresó.
El músico destacó especialmente una característica que distingue a esta celebración: las puertas abiertas.
“Nosotros abrimos las puertas de nuestras casas y cada vecino abre las suyas para que suceda este acontecimiento único. Es la máxima expresión de esa frase que dice ‘Entre a mi pago sin golpear’”, sostuvo.
De una celebración familiar a un fenómeno popular
Pablo Carabajal recordó que el origen de la fiesta se remonta a 1951 y estuvo ligado exclusivamente al encuentro familiar alrededor de doña María Luisa Paz de Carabajal.
“La familia lo empezó a hacer hace casi 75 años. Comenzó como un festejo íntimo y familiar, y lo más fuerte es que el espíritu sigue siendo exactamente ese”, explicó.
La figura de la Abuela ocupa el centro de toda la historia. Pablo la recordó como una mujer que tuvo “la voluntad, el coraje y la fuerza de criar a 12 hijos”, alrededor de quienes posteriormente fueron creciendo nuevas generaciones de músicos.
Con el paso de las décadas, aquella casa terminó convirtiéndose en uno de los lugares emblemáticos del folclore santiagueño.
“Este espacio es testigo directo de millones de canciones y de gran parte del cancionero popular argentino que se canta hoy en día en todo el país”, destacó.
De esa misma raíz surgieron diferentes propuestas culturales, entre ellas la Fiesta de la Abuela, el Festival de la Chacarera, peñas y otras actividades que mantienen vigente el legado familiar.
Los homenajes a Oscar y Agustín Carabajal
La celebración también reserva momentos cargados de emoción para recordar a quienes fueron protagonistas fundamentales de la historia familiar.
Entre las propuestas se encuentra “Raíces Musicales (Historia Viva)”, un recorrido por la obra, la vida y el legado de los 12 hijos de la Abuela Luisa, utilizando diferentes ambientes de la histórica vivienda.
Además, este viernes 14 de agosto se realiza un homenaje especial a Oscar y Agustín Carabajal, quienes compartían la fecha de cumpleaños y fueron dos figuras fundamentales para la proyección de la familia.
“Junto a Jorge —hijo de Agustín—, entre nietos, hijos y esposas que todavía nos acompañan, nos organizamos para celebrar a estas dos personas que han sido íconos fundamentales para sostener este legado”, explicó Pablo.
El objetivo, remarcó, es mantener presente su aporte no solamente durante los festejos, sino también en la música que continúa recorriendo escenarios del país y del mundo.
Una tradición que dialoga con las nuevas generaciones
La particularidad de la Fiesta de la Abuela es que buena parte de lo que sucede no responde a una estructura rígida. Las guitarreadas aparecen alrededor de una mesa, músicos y visitantes se mezclan y diferentes artistas pueden sumarse espontáneamente.
En ese contexto también se producen cruces entre generaciones y géneros musicales. Entre los invitados aparece incluso el joven artista Milo J, quien se encuentra de visita por la zona.
Para Pablo, esa convivencia demuestra que mantener una tradición no significa dejarla detenida en el tiempo.
“La familia tradicional no se queda estancada, se va ramificando. Hoy en la familia hay quienes hacen música electrónica, guaracha, folklore tradicional o fusiones”, señaló.
Y resumió el espíritu que atraviesa estos días en Los Lagos: “Que la gente pase, guitarree un rato en una mesa y se sume a este espacio de manera espontánea es algo hermoso que sucede de forma natural y demuestra que la música sigue viva”.
Así, aquella celebración que comenzó alrededor de una madre y sus hijos continúa creciendo generación tras generación, pero conservando su esencia: abrir las puertas de una casa, compartir la música y recibir a quien llegue como uno más de la familia.






