En un clima político marcado por la fiebre mundialista y la coyuntura económica, la titular de la bancada de La Libertad Avanza (LLA) en el Senado, Patricia Bullrich, lanzó duras críticas hacia la oposición. Según la legisladora, existe una estrategia deliberada para intentar minar la figura del presidente Javier Milei de cara a 2027 utilizando la competencia deportiva como herramienta de desgaste.
"Son ridículos y dicen cosas que no son verdad", disparó Bullrich en diálogo con LN+, al tiempo que denunció que sectores opositores intentan instalar que el evento deportivo es una cortina de humo. Según la senadora, existe una doble vara: "En 2022, durante el Mundial de Qatar, había más pobres, pero ahí no decían nada; era un mundial maravilloso".
Defensa de la estabilidad económica
Pese a los cuestionamientos, Bullrich defendió el rumbo de la gestión libertaria y aseguró que, si bien el objetivo final aún no se ha alcanzado, la realidad ha cambiado sustancialmente: "Hoy una persona sabe desde el primer día en qué puede gastar lo que gana, y antes no lo sabía porque la plata se le iba como agua entre las manos".
La senadora reconoció que el ingreso de las familias sigue siendo un desafío pendiente y que está "mucho más bajo de lo que quisiéramos", pero subrayó un logro que, según ella, la oposición se niega a reconocer: "Hemos sacado a millones de personas de la pobreza y no pueden aceptar que un Gobierno liberal tenga estos logros".
La polémica por la Casa Rosada
En relación con la propuesta de Milei para que la Selección Argentina —en caso de ganar el Mundial— realice los festejos desde los balcones de la Casa Rosada, Bullrich desestimó las suspicacias políticas. Para la legisladora, asociar este gesto a un rédito electoral es un error conceptual:
"Esta lógica de creer que si vienen a la Casa Rosada apoyan al Gobierno, es una teoría estúpida. La gente evalúa al Gobierno por sus políticas, eso es una cosa, y alentar a la selección es otra", sentenció.
Finalmente, Bullrich sugirió que el malestar opositor responde a una cuestión de fondo más profunda: la dificultad de aceptar que una fuerza no peronista pueda gestionar símbolos populares con éxito. "No pueden aceptar que algo popular esté por fuera del peronismo", concluyó.






