Mucho, pero quizás no lo suficiente, se habla sobre la deuda externa de la Argentina. Es importante aclarar que el país no sólo le debe al FMI, pero igualmente es más que relevante entender el peso político -dada la envergadura monetaria de todo lo pedido durante los gobiernos de Macri y Milei- que está deuda tiene en la vida de los argentinos, con este organismo. Hoy se sabe que nuestra deuda con este banco extranjero ascendería, si se lo compara con el resto de los deudores, al 34 por ciento de lo que en su totalidad le deben los países del mundo en su conjunto. Un tercio de las acreencias de ese banco con el resto del mundo, correspondería a nuestro país. Los analistas sostienen que deberíamos estar preparados para un nuevo ciclo de dependencia financiera que reclamará como consecuencias nuevas privatizaciones. Léase el gobierno Libertario estaría dispuesto a vender parte del territorio nacional si fuese necesario.
¿Cuánto le debemos al FMI? Vale una nueva aclaración, Néstor Kirchner pagó la totalidad de la deuda con el Fondo Monetario Internacional durante su gestión. El histórico pago ascendió a 9.810 millones de dólares. Se canceló de una sola vez en enero de 2006 utilizando las reservas de libre disponibilidad del Banco Central de la República Argentina. Esta decisión de "desendeudamiento" fue anunciada por el propio presidente el 15 de diciembre de 2005 y su propósito central fue eliminar la auditoría y las condicionalidades de las políticas económicas que el organismo internacional imponía al país.
La pregunta original era sobre el monto de la deuda con el mencionado banco: La administración de Mauricio Macri tomó en 2018 el préstamo más grande en la historia del FMI, por un total de 57.000 millones de dólares, de los cuales se desembolsaron efectivamente unos 45.000 millones. Bajo la gestión de Javier Milei, el país mantiene vigente el programa de Facilidades Extendidas reestructurado, recibiendo desembolsos adicionales y acumulando una deuda con el organismo cercana a los USD 43.000 millones de la moneda extranjera. Sin embargo la deuda total del país asciende a aproximadamente 57.250 millones.
Es indudable que la administración de Javier Milei estaría apostando al endeudamiento, que necesariamente reclamarían como es costumbre nuevas privatizaciones. Con dichas reglas se cae necesariamente en el financiamiento externo para enfrentar los compromisos de deuda que se tiene por delante. Para corroborara esto baste recordar que el propio ministro Luis Caputo confirmó que el Gobierno buscará sostener los pagos mediante organismos internacionales, emisión de bonos y venta de activos públicos.
Aunque en estas medidas no hay secretos escondidos, la sociedad parece tener mala memoria, porque detrás de la tan mentada normalización económica -que pondera el gobierno nacional- se esconde ambiciones sectoriales, que a la postre se verán beneficiadas con estos manejos espurios. Todos saben que la actual administración de gobierno terminará comprometiendo los recursos futuros para sostener un modelo que beneficia solo a los sectores financieros. Consecuentemente, como siempre, el costo recae sobre el conjunto de la sociedad. Es hora de comenzar a preguntarse qué patrimonio nacional quedará en manos privadas y obviamente qué precio habrá que pagar para sostener ese esquema.
En el reino de revés, que es el camino que habitualmente transita Milei, las privatizaciones son tomadas como herramientas para el crecimiento, aunque la historia es pródiga en ejemplos, que terminan por mostrar una Argentina devastada, dado que la consecuencia de esas políticas expuestas, es siempre un país con menos capacidad de decisión propia, condicionada por sus acreedores extranjeros.
Esta historia ya la conocemos. Los denominados ciclos de endeudamiento, dejan compromisos que deberán pagar las generaciones futuras.
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