“Farmear”, “tener aura” o participar de “batallas de aura” son expresiones que ganaron terreno entre adolescentes y jóvenes, principalmente impulsadas por las redes sociales. Pero detrás de lo que para muchos adultos puede parecer solamente una nueva moda existe también una búsqueda de identidad, reconocimiento y pertenencia.
Así lo explicó Florencia Ledesma, docente y licenciada en Educación para la Salud, quien planteó la necesidad de que familias, educadores y adultos intenten comprender estas nuevas formas de expresión antes de juzgarlas.
“Cuando nos encontramos con palabras o expresiones y comportamientos que resultan nuevos, rápidamente tendemos a etiquetarlos como una moda o como algo negativo. Para mí, lo primero que tenemos que hacer es detenernos y escuchar qué hay detrás de esas expresiones”, explicó.
Más que una moda entre los jóvenes
Según Ledesma, las palabras y tendencias pueden cambiar de una generación a otra, pero detrás de ellas aparecen necesidades que siempre estuvieron presentes durante la adolescencia.
“Lo que más me interesa preguntar es qué nos están mostrando los adolescentes hoy: necesidad de pertenecer, de ser reconocidos, de construir la identidad y, en muchos casos, también de validación”, señaló.
Actualmente, “farmear aura” está asociado en las redes con aquellas acciones, actitudes o gestos que permiten a una persona proyectar seguridad, carisma o presencia frente a los demás.
La tendencia también dio origen a las llamadas “batallas de aura”, encuentros en los que los participantes ponen en juego poses, movimientos, humor y actitud frente a sus pares.
Para Ledesma, no se trata necesariamente de algo negativo.
“Son fenómenos que van pasando y que no tienen nada de malo. Está bueno que los docentes podamos involucrarnos, que la sociedad se involucre en estas actividades y que nos hagan participar y reflexionar”, sostuvo.
Incluso comparó estos encuentros con fenómenos juveniles de otras épocas, cuando diferentes grupos encontraban en las plazas y otros espacios públicos un punto para reunirse.
“Me recuerda un poco a lo que eran los emos. También nos juntábamos y había encuentros en las plazas. Era lindo”, recordó.
En ese sentido, valoró que los adolescentes puedan encontrar espacios de identidad, contención, reconocimiento y expresión.
El rol de las familias y la escuela
La especialista puso especial énfasis en el acompañamiento de madres y padres. Consideró que el desconocimiento de determinados códigos juveniles no debería convertirse automáticamente en rechazo.
“Muchas veces las familias no se involucran y lo primero que hacemos es descalificarlos o decirles que no está bueno lo que hacen, cuando lo que hay que hacer es acompañar estos procesos”, expresó.
La recomendación es acercarse, preguntar y utilizar estas situaciones para generar conversaciones con los adolescentes.
La escuela también puede desempeñar un papel importante. Ledesma consideró que estas tendencias ofrecen una oportunidad para abordar la autoestima, las emociones, la identidad y los vínculos saludables.
“Me gustaría que mis colegas puedan generar espacios de diálogo a partir de esto, enseñar a analizar críticamente, trabajar la autoestima, fortalecer vínculos saludables y hablar sobre la importancia del otro”, indicó.
Cuándo hay que prestar atención
La docente aclaró que la búsqueda de pertenencia y reconocimiento puede requerir mayor atención cuando comienza a generar situaciones perjudiciales para los adolescentes.
El problema, explicó, puede aparecer cuando esa necesidad de validación se vuelve excesiva o cuando pertenecer a determinado grupo implica burlas, humillaciones, exposición o presión para no quedar afuera.
Por ese motivo, consideró que estas tendencias también permiten conversar sobre límites, respeto y la forma en la que los jóvenes construyen sus relaciones.
“Para mí, negativo no es. Al contrario, es algo nuevo, algo de moda, pero que nos tiene que servir a nosotros como adultos, docentes y profesionales para trabajar con nuestra adolescencia”, afirmó.
Finalmente, dejó un mensaje dirigido especialmente a las familias: “Que no tengan miedo a estos nuevos términos. No es nada que les vaya a generar algo malo; al contrario, que se involucren con sus hijos”.






