El mercado laboral argentino atraviesa una etapa de transformación caracterizada por una paradoja inquietante: mientras las estadísticas registran una mayor cantidad de personas ocupadas, la calidad del empleo continúa deteriorándose. Un reciente informe del Centro de Estudios sobre Trabajo y Desarrollo (CETyD) advierte que la pérdida de puestos formales está siendo reemplazada por ocupaciones precarias, marcando un freno a cualquier expectativa de mejora genuina.
La crisis de los indicadores
Según el Monitor Sociolaboral, la tasa de informalidad ha escalado hasta el 44,2%, consolidándose como uno de los registros más altos de los últimos años. El estudio subraya que este incremento de la ocupación no es un síntoma de dinamismo económico, sino una respuesta a la emergencia financiera de los hogares: ante la erosión del poder adquisitivo, más personas se ven forzadas a ingresar al mercado laboral para complementar los ingresos familiares, elevando la tasa de actividad a un máximo histórico del 48,6%.
El problema central es que el sector formal no logra absorber esta creciente oferta. Como resultado, la mayoría de los nuevos puestos carecen de garantías y ofrecen ingresos insuficientes. Más del 90% de los nuevos ocupados manifiesta la necesidad de trabajar más horas para sobrevivir, enfrentándose a una realidad de mercado estancada donde el consumo interno no tracciona la demanda.
Disparidad regional: el mapa de la precarización
El deterioro presenta una marcada heterogeneidad territorial. El CETyD destaca que, en dos tercios de las provincias, se ha expandido la categoría de “empleos refugio” —ocupaciones informales, de baja calificación y con salarios mínimos—, especialmente allí donde la construcción y la actividad privada formal han retrocedido:
Zonas críticas: Santa Cruz, Formosa, Chaco, Misiones, Catamarca y Corrientes han experimentado una caída del empleo formal acompañada por un crecimiento de la desocupación y la vulnerabilidad laboral.
Excepciones favorables: Río Negro y Neuquén han logrado sostener el empleo gracias al motor de Vaca Muerta. Tucumán es el otro caso positivo, donde se ha observado una mejora del empleo formal con una reducción de la precariedad.
La conclusión: no hay “destrucción creativa”
El informe desestima la teoría de que Argentina esté atravesando un proceso de “destrucción creativa”. Por el contrario, los investigadores afirman que la destrucción de puestos formales privados no está dando lugar a nuevas oportunidades de mayor productividad. “La contracción del sector formal no está siendo compensada por nuevas oportunidades laborales de calidad, sino por una mayor informalidad y vulnerabilidad ocupacional”, concluye el texto, dejando en evidencia un tejido productivo que, lejos de modernizarse, se fragmenta bajo la presión de la necesidad económica.






