El Gobierno nacional busca volver a sintonizar la misma frecuencia con el sector agroindustrial tras meses de tensos reclamos. Ante un auditorio colmado de empresarios, acopiadores y dirigentes rurales, el presidente Javier Milei encabezó la celebración de la histórica entidad cerealera y aprovechó la oportunidad para ratificar el rumbo de su plan económico, definiendo la eliminación total de las retenciones como “una obsesión” para su administración.
El jefe de Estado detalló que las medidas de alivio para la cosecha fina impactarán de manera inmediata el mes próximo, otorgando mayor previsibilidad a las campañas de trigo y cebada. Sin embargo, el anuncio más esperado por el círculo rojo del campo fue el diseño de un cronograma de desarmado impositivo para el complejo sojero. Según precisó, a partir de enero de 2027 se aplicará un recorte mensual de entre un cuarto de punto y medio punto porcentual, el cual se proyectará de manera continuada hasta el año 2028 en caso de lograr la reelección presidencial.
La letra chica del beneficio para la soja estará condicionada de forma ineludible a la evolución de los ingresos del Estado. Milei fue tajante al respecto y advirtió que la política de déficit cero es innegociable: “No hay posibilidad de baja de impuestos sin superávit fiscal sostenido”, sentenció frente a los presentes.
Alivio industrial y el derrotero impositivo:
Nuevos sectores beneficiados: Además de las medidas destinadas al agro, el Presidente anticipó que se instrumentarán alivios fiscales para la industria automotriz, la petroquímica y la fabricación de maquinaria, aunque prefirió no precisar los porcentajes ni los plazos de ejecución.
El antecedente de 2025: Durante el año pasado, el Ejecutivo había prorrogado diversos beneficios temporales para los cultivos de fina, mientras que productos madre como la soja y el maíz habían vuelto a tributar alícuotas más elevadas desde el pasado mes de julio tras el vencimiento de los decretos previos.
Reparación histórica: En otro tramo de su alocución, el mandatario ponderó el rol del campo como el gran motor productivo de la Argentina y lamentó que haya sido el sector más castigado por la presión tributaria del Estado durante las últimas décadas.
No obstante, los representantes del agro insistieron en que el ahogo financiero que sufren las economías regionales y los productores de la zona núcleo requiere de una aceleración en los tiempos de rebajas, especialmente para el maíz y la soja, debido al incremento sostenido en los costos de los insumos y los fletes logísticos que debilitan la competitividad en los mercados internacionales.






