La relación bilateral entre Estados Unidos e Irán evolucionó de una alianza estratégica durante la Guerra Fría a una de las rivalidades geopolíticas más prolongadas de la historia contemporánea. A lo largo de más de setenta años, ambos Estados recurrieron a sanciones económicas, operaciones de inteligencia y enfrentamientos indirectos en Medio Oriente sin llegar a una declaración formal de guerra abierta.
El quiebre de la relación y la Revolución Islámica
El primer distanciamiento ocurrió en 1953, cuando la CIA y el Reino Unido participaron en el derrocamiento del primer ministro iraní Mohammad Mosaddeq, quien había impulsado la nacionalización del petróleo. Este escenario facilitó el ascenso del sha Mohammad Reza Pahlaví, derrocado posteriormente por la Revolución Islámica de 1979 liderada por el ayatolá Ruhollah Jomeini, hito que clausuró los canales diplomáticos tras la toma de rehenes en la embajada estadounidense en Teherán.
El programa nuclear y las crisis del siglo XXI
Durante el conflicto bélico entre Irán e Irak (1980-1988), Washington respaldó al régimen iraquí. En las décadas posteriores, la disputa se trasladó al desarrollo del programa nuclear iraní; aunque en 2015 se firmó un acuerdo de limitación atómica con las potencias occidentales, la salida unilateral de Estados Unidos en 2018 reintrodujo el bloqueo económico generalizado.
El punto de mayor fricción militar reciente aconteció en enero de 2020, cuando un ataque aéreo estadounidense provocó la muerte del general iraní Qasem Soleimani en Irak. Actualmente, la vigilancia sobre el estrecho de Ormuz y la influencia política en países periféricos de la región mantienen el estado de alerta internacional.






